Agua residualEs difícil imaginar que alguien pueda emocionarse ante una planta de extracción de agua. Pero si sabes que esa planta, siempre y cuando funcione, proporciona una barrera entre tu comunidad y los fluidos sin tratar, entonces cambias de opinión.

Seis meses atrás, inauguraron esta planta depuradora al lado de mi casa. Es parte de un sistema que aprovisiona al 60% de la población de Gaza. Sentimos gran satisfacción al escuchar la noticia ya que, hasta ese momento, no teníamos más opción que bombear el agua sin tratar de los pozos. Como pueden imaginarse, seguir utilizando el agua sin tratar representaba una amenaza para la salud de todos los miembros de la comunidad.

Cuando llegó la noticia de que nuestras aguas serían tratadas y ya no tendríamos que arrojar nuestros residuos cerca de nuestras casas, respiramos con alivio.

La nueva estación recibe, diariamente, entre 30 y 40 mil metros cúbicos de aguas residuales y está preparada para tratar 120 metros cúbicos por hora a través de seis bombas de agua. Pero esto es Gaza. Desde el principio, la planta contó con sólo tres bombas instaladas, en lugar de las seis previstas. El cierre de las fronteras de Gaza desde junio del 2007 por el Gobierno de Israel impidió que las partes necesarias para construir las tres restantes entraran en Gaza.

Los cortes de energía han afectado la eficiencia de la estación. El generador de emergencia no está funcionando y necesita de mantenimiento con piezas de recambio. La cantidad limitada de combustible que entra en Gaza no es suficiente para permitir que los generadores funcionen a lo largo de varias horas.

Durante el verano, cuando la estación no daba abasto con la cantidad de aguas residuales, se decidió desviarlas a un monte donde la comunidad había plantado sus olivos y otros granos. Si has visto un olivo sabrás que son plantas rústicas que pueden dar frutos incluso en el desierto. Ahora, todos los cultivos, incluidos los 100 olivos que pueblan el monte, han muerto a causa de lo residuos tóxicos.

Las aguas residuales siguen fluyendo. Los cultivos de esta zona solían ser la fuente de ingresos y alimento para el vecindario. Ahora, es tierra desperdiciada.

Se suponía que la estación sería una bendición para el vecindario; resultó ser un insulto, una amenaza para la salud de todos nosotros. Y ahora debemos enfrentarnos a una crisis de salud pública.

Las aguas residuales están alcanzando las calles de la zona e inundando las casas  y el hedor es insoportable.

Los habitantes de las plantas bajas tuvieron que mudarse a pisos superiores. La gente se ha visto forzada a utilizar arena para absorber las aguas residuales en sus casas. La cantidad de niños que ha enfermado incrementa considerablemente. Casos de diarrea están a la orden del día, pues ellos continúan jugando fuera entre las aguas sin tratar. ¿Dónde más podrían ir? Lo que me repugna es que todo esto podría haber sido evitado si sólo los israelíes hubiesen permitido la apertura de un punto de control para facilitar que las piezas de recambio y el combustible cruzaran la frontera.

( Manal es un trabajador humanitario que colabora con Oxfam)