miércoles, 11 de julio de 2007 17:50
Ariane Arpa
La educación para la ciudadanía ha creado un gran revuelo
El próximo curso empieza a impartirse; en primaria como un elemento transversal que debe afectar a todos los conocimientos y en secundaria como una asignatura nueva. Desde hace meses son numerosas las noticias de asociaciones de padres y madres y de centros que quieren objetar o de instituciones, muchas de ellas vinculadas con organizaciones religiosas, que quieren movilizar a la ciudadanía contra estos conocimientos. Y la discusión se está politizando de tal modo que parece que si eres de un partido político tienes que estar a favor y si eres de otro, en contra.
Me da la sensación de que no se está escuchando la voz de los que creemos que inculcar a los alumnos y alumnas valores como la democracia, el respeto, la responsabilidad o la participación y enseñarles que en sus manos estás actuar contra lo que creen injusto.
Educar no es adoctrinar, pero si es, eso no podemos negarlo, influir. No debería darnos tanto miedo influir en los jóvenes para que puedan desarrollar actitudes y destrezas que aumenten su autoestima y les hagan responsables y conscientes de sus actos y mucho menos, inculcarles un pensamiento crítico y enseñarles las herramientas para que sepan y puedan ejercer de ciudadanos y ciudadanas.
La educación para la ciudadanía, tal y como la veo yo y tal y como la vemos desde Intermón Oxfam, es enseñar a cada uno a tomar sus decisiones concientemente. ¿No nos hace eso más libres y responsables? ¿No nos permite ser críticos con el Gobierno y con la oposición? Y una pregunta más, ¿nos obliga ello a renunciar a nuestras creencias morales? Si, si y no.