Me gusta fijarme en los colores de las cosas que me rodean... la combinación, los tonos y hasta asociarlos con recuerdos. No sé, es cómo otro lenguaje. En Ahwar, el amarillo de la arena se traza bien con el ocre de las casas torre, que pensándolo bien se parecen a esos castillos de arena que se hacen en la playa, sólo que mucho más grandes... Desde la ventana de mi cuarto en la casa oficina, veo esa mezcla con un poco de verde y el techo azul.
El mercado se pinta de naranja, terracota, verde botella y otros tonos tierra que vienen de las especias, los duraznos, la papaya y los pequeños fríjoles de temporada. Se ven muchos pañuelos de cuadritos en la cabeza de los hombres y el negro velo en la cara de las mujeres, salvo si son refugiadas etíopes o somalís. En sus países no siempre se cubren y, en caso de hacerlo, usan otros colores.
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