DesplazadosMe han dicho que la salida de botes desde las costas de Somalia ha comenzado de nuevo, que el mar se supone calmo, que el flujo de gente llegando de África que quiere cruzar hacia Yemen sigue igual.

Era martes por la mañana cuando uno de los líderes comunitarios que trabaja para MSF a lo largo de la costa  llamó  avisando que un grupo de más o menos 300 personas había llegado. El primer equipo salió hacia el lugar para encontrarlos, mientras que el segundo se dirigió a la unidad médica que MSF tiene en el campo de refugiados en espera de que llegaran. Yo me quedé con el segundo.  Estaba nublado, se agradecía, porqué el calor de los últimos días agobiaba mucho más en esa sequedad pasmosa de Ahwar.

Hacia las 9 de la mañana, llegó el primer grupo de 100 personas, casi todos somalís. Una de las cosas que me sorprendió fue el alto número de mujeres y el buen estado de la gente, comparado con los grupos que recibimos en marzo. De repente, y aún más curioso, fue la tormenta que se desató en un instante. Todos nos mirábamos sorprendidos, nadie se lo esperaba, nunca había llovido de esa manera en Ahwar y yo eso lo he visto pocas veces en mi ciudad, Bogotá, donde habitualmente llueve a cántaros.

Entre todos, incluyendo refugiados, intentamos reacomodar las cosas y el espacio mientras pasaba la lluvia. Conversando, me dijeron que al estar en periodo de Ramadán había diferencia en el trato recibido en las pateras y que el camino a Arabia Saudí podía ser más fácil, sin tanto control.

Pero, todo lo que me parecía distinto ese martes, fue eso, sólo un día. Ayer, llegó un bote en las mismas condiciones de antes: refugiados golpeados, tirados por la borda, sin recibir  ni agua ni comida y con al menos 29 muertos (la mayoría por no saber nadar y ser arrojadas lejos de la orilla), sin contar con el importante número de familiares o amigos con pena y temor. En realidad, cada persona tiene su historia, pero sería triste: la madre que perdió a sus hijos, el hombre a su hermano o primo, o simplemente al compañero de viaje de hace un mes.

Ayer y hoy, en la sala de espera de la unidad médica, todo el mundo tenía la sensación de que no se daba abasto: había mucha gente esperando poder hablar con nuestro equipo de apoyo psicológico acerca de su pérdida o dolor, de la incapacidad que les generaba el saber del riesgo que tomaban y que no haya salido bien, por no poder enterrar los cuerpos  como toca y algunos por no haber encontrado el de la persona próxima.

Y mañana, vendrán más botes. Se sabe porque ya se estaban preparando para salir al mismo tiempo que los que han llegado hoy,  o ayer; como los que han estado llegando antes...