TeshomaCuando escuche el relato de Teshoma (nombre ficticio por razones de seguridad) que venía de cruzar el golfo de Aden en patera, me quede pensando en la manera en que las personas enfrentamos ciertas situaciones en la vida. En mi caso, a veces me sorprendo de mis reacciones o la forma en que enfrento ciertos "fantasmas". He aprendido a verlos de frente, pero aún me cuesta entender ciertas razones. Tengo días en que es más fácil dormir que otros, algunas veces, también tengo pesadillas. Me asusto, pero luego, las trato de recordar, de dar explicación o entender...

Para Teshoma, el estrés causado por el viaje hecho en la parte baja del bote (tan congestionada y llena de humo como de gente; la misma que se dedica al almacenamiento de pescado y en la que normalmente los etíopes son situados, discriminándoles respecto de los somalís) y la expectativa de empezar una nueva vida en Arabia Saudí lo llevó a visualizar un mar lleno de demonios (llamados geniles) que salían en busca de aquellos que debían ser juzgados y condenados. Mientras se enfrentaba a uno de ellos, sus compañeros en el bote se asustaron y la tripulación consideró tirarlo al mar si no paraba los movimientos de su lucha. Dijo que ni siquiera pudo conciliar el sueño porque los demonios lo perseguían despierto o dormido.

Cuando contó su relato estaba asustado de experimentar esto por primera vez en su vida, de creerse loco y, aún más, por el significado de las acusaciones del Genil: la responsabilidad en la muerte violenta de uno de sus hijos y el "abandonar" a su familia en Etiopia por hacer este viaje.

"El (el demonio) me lleva a una casa de tres niveles. En el primero, me juzga por la muerte de mi hijo... me declara culpable. En el segundo, me cuestiona por dejar a mi mujer e hijos en Etiopía, y otra vez soy culpable". Lo que ocurría en el tercero no lo lograba recordar.

Los compañeros de viaje pensaban que había enloquecido y como si fuera alguna infección,  lo dejaban aparte, a su aire. Esto le hacía sentir más miedo.

Una vez pasó por la consulta psicológica del centro de salud de Médicos Sin Fronteras y expresó sus miedos, se liberó de parte del peso y sintió un poco de alivio. Le pidieron escribir lo que recordaba de los sueños y volver. Cuando lo hizo, el siguiente paso fue preparar una defensa para el juicio al que era sometido. Una gran tarea. Al tercer día y última sesión (el grupo sería  trasladado del centro de recepción de Ahwar al campo de refugiados de Kharaz, destino definitivo de los refugiados, gestionado por ACNUR) volvió a la consulta contando que en el tribunal había sido capaz de refutar al demonio y explicar sus razones. Aquella noche pudo dormir, sus culpas se estaban haciendo menos pesadas.

Teshoma se fue y no he sabido más de él y sus miedos o de sus nuevas experiencias en el viaje que esta haciendo. Tan solo espero que el intentar explicar las razones de su viaje en la realidad sea más fácil que en ese juzgado de sus sueños. Y yo, me reafirmo en la idea de que curar el alma es tan importante como curar el cuerpo.