jueves, 19 de junio de 2008 14:37
Joan Campillo,
20 de Junio. Día Mundial del Refugiado
Desde pequeño me ha gustado pasar delante de ciertas pastelerías y mirar en el calendario que había en el escaparate la festividad que una conocida marca de cava nos recordaba, a la vez que nos invitaba a consumir.
Ni que decir tiene que era la agenda más dulce que cualquiera se pudiera imaginar. Ahora, tengo una agenda mucho más formal y, por supuesto, menos dulce. En ella aparecen, junto a las festividades locales, autonómicas y estatales, y las onomásticas, una multitud de días y semanas internacionales. En algunos casos llegan a solaparse. Y la verdad, no sé que tiene que ver el "Día Mundial de la no Violencia" con el "Día Mundial de la Lepra", ambos situados el 30 de enero. Aunque peor es el caso del día 1 de octubre en el que se celebra el "Día Internacional de las personas mayores", el "Día Internacional de las personas sordas" y el "Día Internacional de la hepatitis C".
Ante la avalancha de días internacionales o mundiales que diferentes entidades han acordado y se han propuesto reseñar en nuestro calendario particular, creo que hemos de rescatar algunos antes de que se hagan demasiado cotidianos y corrientes y, casi por ello, invisibles.
Es el caso del día 20 de junio, "Día Mundial del Refugiado". Un refugiado es aquella persona que está fuera de su país y no puede o no quiere regresar a él porque es perseguida o tiene miedo de ser perseguida por su raza, religión, nacionalidad, por ser miembro de un determinado grupo social o por su opinión política.
Esta definición de tan clara puede parecer fría. Detrás de cada una de "aquellas personas" (mujeres, hombres, ancianos y niños) hay un drama o un conflicto latente que les impide hacer vida normal. Muchos de ellos han atravesado fronteras, han perdido seres queridos y ahora se ven hacinados en campos de refugiados. Naturalmente, el derecho internacional prevé la protección especial de la que deben ser objeto los refugiados. Específicamente, en el IV Convenio de Ginebra y en el Protocolo uno se confiere una protección especial a los refugiados, en particular a los que se hallan en territorios ocupados. Y, el principio del no rechazo, es la base del derecho de los refugiados. Pero esto no es suficiente.
Por otra parte, todos los refugiados deben estar amparados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La ONU, a través del ACNUR, procura asegurar el respeto y el reconocimiento de los derechos humanos básicos de los refugiados, incluyendo su capacidad para buscar asilo y garantizar que ningún refugiado sea devuelto involuntariamente a un país donde tenga fundados temores de ser perseguido.
Pero esto no es suficiente. Lo que queda claro, es que los refugiados del mundo y, en concreto nuestros hermanos saharauis, dependen en gran medida de la ayuda internacional. Esta asistencia procede de la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO), el gobierno argelino, el Programa Mundial de Alimentos y el ACNUR, así como de diversas organizaciones no gubernamentales europeas y de fuentes bilaterales. Pero os prometo que no es suficiente. Nosotros que hemos estado en los campamentos alrededor de Tinduf os podemos asegurar que, los niveles de nutrición, higiene y atención médica se deterioran sin cesar con los años. Aumentan entre los niños la desnutrición y las enfermedades y la calidad del agua potable es precaria. Por eso, a pesar del día mundial correspondiente, de los 40 segundos que le dedicarán los telediarios, de los personajes mediáticos que nos lo recuerdan y que se harán alguna foto, a pesar de todo, no es suficiente.
No se me ocurre cómo podemos hacer llegar al resto de la población que la tragedia de un refugiado es difícilmente comparable a cualquier otro drama. Hoy o mañana, cuando alguien os lo recuerde, pararos a pensar en los millones de personas que viven refugiadas, volveros a leer estas líneas y enviarme vuestra opinión. 20 de junio, Día Mundial del Refugiado.