jueves, 12 de junio de 2008 7:25
Joan Campillo,
Colonias de verano
Ayer en el campamento de Dajla llegaron a mediodía a los 48 grados centigrados. Desde las 10 de la mañana hasta media tarde el campamento parece sumido en un profundo sueño. Toda la vida del campamento, todo el movimiento, parece aletargado.
Son los niños, los ancianos y las mujeres embarazadas quienes peor llevan la ola de calor. Por eso desde hace años son muchas las organizaciones y municipios quienes lideran la campaña de la Colonia de Verano.
Este es uno de los proyectos de Cooperación y de Sensiblización más interesantes que se hacen con el pueblo saharaui. Por unos días, apenas dos meses, intentamos que los niños descubran un mundo nuevo y con sus grandes ojos se lleven nuevas y gratificantes experiencias.
Pero detrás del Proyecto Sáhara hay muchas horas de trabajo para poder coordinar la campaña desde los campamentos hasta la familia de acogida.
Yo quisisera aprovechar la ocasión para rendir homenaje a todas las comprometidas familias de acogida que, desde hace años, les abren las puertas de su casa y de su corazón a estos niños. Son especialmente gente muy responsable, puesto que durante la estancia de los niños se preocupan de los muchachos, los llevan al pediatra, al oculista, al dentista y a donde haga falta. Es más, su solidaridad no acaba cuando los niños vuelven a los campamentos, sino que también se preocupan y están pendientes de ellos.
En Semana Santa, durante el puente de la Constitución o en Navidad se organizan vuelos chárter de familias espñaolas que visitan a la familia de su niño saharaui.
Los lazos que se establecen entre nuestras familias y las saharauis permanecen por encima de vaivenes políticos o resoluciones fantasmas.
Dentro de poco, en sólo dos semanas empezarán a desembarcar niños. Para ellos y para las familias de acogida empieza una montaña rusa de emociones y descubirmientos. Y claro está, el principal es el mar, la piscina o la bañera.
Aquellos que repiten visita no duermen esperando la ocasión de enfundarse el bañador y bañarse.
A los que vienen por pirmera vez, sus ojos les cambian de color cuando ven por primera vez el mar, ese desierto azulado. Muchos se acercan a la orilla y miran detenidamente como vienen y van las olas. Sólo, los más valeientes y los veteranos se bañan el primer día.
No nos daremos cuenta y habrá pasado el verano, y llegará el momento de la despedida, de las lágrimas, de los besos. Deberán coger el avión y volver hasta la vecina Argel y de allí a los campamentos. Pero hasta el momento, disfrutemos del cariño y de la ilusión que manifiestan estos niños.
Gracias a todos, los que desde hace meses trabajáis en el proyecto y por hacer lo imposible fácil.
Y ánimo que los chicos ya están a punto de llegar.