El lunes 30 de junio por la noche conseguimos embarcar y salir de Costa Marques para visitar el río Guaporé. Durante todo el día estuvimos terminando de poner a punto el barco Dom Roberto, que estaba en el dique seco con algunos problemas de filtraciones.
Vinieron con nosotros, además del piloto Víctor Cojubim, su esposa y su yerno y dos enfermeros voluntarios del Ceusol (organización solidaria del centro universitario de los claretianos de Batatais, Estado de Sao Paulo): Sandra Toloi e Ivan O. Gomes. Viajamos de noche para aprovechar los pocos días disponibles.
Al día siguiente por la tarde llegamos a la primera comunidad, Santo Antônio do Guaporé, comunidad quilombola. Los enfermeros pasaron casa por casa tomando la tensión, haciendo análisis de azúcar y tomando nota de los problemas de salud de los habitantes de este asentamiento de poco más de 12 familias.
Por la noche, hicimos una misa a la luz de una vela, con muchos cantos. La comunidad tiene un motor generador, pero sin diésel para hacerlo funcionar y algunas placas solares, hasta tienen dos placas para la iglesia pero... sin baterías.
Seguidamente, continuamos remontando lenta y penosamente el río, que todavía tiene mucha agua y bastante corriente para esta época del año. En este viaje, llevamos amarrado a nuestro barco al Padre Xavier, nuestro antiguo barco de la Pastoral Fluvial, que vamos entregar para el servicio de la comunidad de Laranjeiras. A medida que subismos, paramos en las principales comunidades y avisamos del día nuestra visita a la vuelta.
El viernes, llegamos a Laranjeiras después de 445 kilómetros, a una velocidad de seis o siete quilómetros por hora. Durante el viaje hay tiempo para conocerse con los dos enfermeros voluntarios, para conversar, leer, para arreglar y pintar cosas en el barco,...
En Laranjeiras, nos reciben con mucha alegría, contándonos cómo les han ido las cosas. El equipo de demarcación de tierras del INCRA ha estado allí y ya ha elaborado una propuesta territorial que les ha dejado muy animados.
Jezabel, la mujer de Víctor, nuestro piloto, nació en esta comunidad y vino con nosotros de visita después de varios años. Su hijo Amarildo vive aquí con sus cinco nietos y su nuera... como era de esperar se quedaron conversando hasta la madrugada. De vuelta Amarildo vendrá con nosotros para sacar en Ji Paraná su carné indígena e intentar resolver un problema con la justicia, pues ha sido acusado de pesca ilegal.
Al día siguiente, tenemos una celebración en la escuela. Al final de la misma, empezamos la elaboración de los estatutos de la nueva Asociación de la Comunidad Quilombola de Laranjeiras, a cuyo nombre tendrán que registrarse las tierras de la comunidad. Nos invitan a comer en la comunidad y, por la tarde, comenzamos nuestro regreso. El tiempo es escaso.
En la comunidad de As Cruz paramos para instalar dos nuevas placas solares financiadas por una empresa de la provincia de Barcelona: la Fundición Benito Dúctil, a través de la oenegé Enllaç Solidari. Son las últimas de la siete instaladas con su ayuda.
El domingo celebramos misa en Rolim de Moura y por la tarde paramos en la pequeña comunidad de Tarumá.
También pasamos por Ilha de Flores y por la comunidad boliviana de Mateguá, donde nos obsequian con la comida tradicional: asado de tortuga. Para esta comunidad traíamos una bomba de pasar humo, comprada con ayuda de una campaña del colegio Claret de Barcelona. Estas bombas sirven para ahuyentar los mosquitos, ayudando así a prevenir enfermedades endémicas de la región, como la malaria y ahora también el dengue.
En todas las visitas que hacemos a las comunidades, los enfermeros descubren que mucha gente sufre de hipertensión. De haber estado en la ciudad más de uno hubiera acabado en el hospital, además apenas hemos traído medicinas específicas para la hipertensión por lo que recomendamos remedios naturales: dieta sin sal ni grasas, tisanas de "quiebra piedras" y "hierba maría". Poco más podemos hacer, aunque sólo el haber descubierto el problema ya es de gran ayuda para la gente de estas comunidades.
En estas comunidades mucha gente nunca se había hecho análisis de diabetes. Y hay que señalar que incluso en algunos jóvenes los resultados son alarmantes, por lo que los enfermeros les recomiendan cuidar el azúcar y les animan a hacerse análisis más detallados y visitas médicas cuando puedan viajar a la ciudad.
De regreso paramos en algunas casas aisladas, en Pau d'Olho y en la comunidad boliviana de Versalles.
Por la noche, entramos brevemente en la Bahía do Boi y de allí ya vamos directo para Costa Marques, donde llegamos al día siguiente por la mañana. Justo a tiempo para llevar a los enfermeros hasta Sao Francisco, donde cogerán el autobús que en dos días de viaje les llevará, con todo el grupo de Ceusol que está colaborando en otras zonas de Rondônia, hasta Sao Paulo.
Durante once días hemos navegado más de 900 quilómetros por el río Guaporé, la frontera natural entre Brasil y Bolivia.