Dirigentes kenianosLa noticia se ha hecho pública ya, pero se veía venir. Después de anunciar a bombo y platillo la composición del nuevo gobierno de coalición, ahora el ministro de hacienda de Kenia anuncia que se las va a ver canutas a la hora de encontrar la pasta para poder pagar tanto cargo, tanta oficina, tanto coche y sobre todo tanto sueldo. Estamos hablando de un gabinete de 40 ministros y 52 viceministros... "muy fuerte" dirían los más jóvenes.

Los cargos políticos en Kenia se cuentan entre los mejor pagados del mundo. Unos 17.000 dólares del ala que se lleva cada uno a casita (libre de impuestos) junto con coches, beneficios y otras prebendas adicionales (como, por ejemplo, asistir y calentar una silla durante una comisión).

Para contentar a todo el mundo hubo que crear puestos, porque lo importante era que todo el país estuviera representado en el Gobierno. Esta creo que es la lacra de muchos sistemas africanos: la ley no escrita que hay que poner gente de todas las regiones y tribus para que nadie se sienta discriminado. No importa si la persona no vale o es inepta para el cargo, lo importante es que la cuota étnica esté "en su punto" y así va la cosa en ciertos gobiernos, donde quien ha servido de ministro de Industria se recicla para ser de Cultura y, posteriormente, de Obras Públicas... Así las cosas, tenemos ahora un parlamento que en su 40% es ya parte del gabinete, ya sea en condición de ministro o viceministro.

Las protestas de grupos cívicos están cayendo en saco roto. Incluso el ministro ha tenido que confesar que el dinero destinado a la reubicación de los desplazados (500.000 personas, a raíz de la violencia étnica poselectoral) posiblemente se verá substancialmente reducido de cara a poder pagar los salarios de los políticos. Una vergüenza que clama al cielo en un país donde el 60% de la población sobrevive con lo más mínimo.

Es cuando menos desconcertante que un país que necesita y recibe ayuda internacional pueda tener con toda la cara a una de las clases políticas mejor pagadas del mundo. Y si algún país donante se queja, el político de turno sale con la consabida "ingerencia en asuntos internos" o jugando la carta de "ya no estamos en una colonia, somos un país independiente y hacemos lo que queremos".

Pues sí, también aquí hay contradicciones... y a miles.