Ayuda Alimentaria de los EEUUCreo que cualquier persona que trabaje en África habrá visto los sacos de grano o las latas de aceite con la inscripción “ayuda humanitaria del pueblo de XXXX. Prohibida su venta”. Son las ayudas internacionales en especie, la ayuda alimentaria que es fundamental en cualquier emergencia. Junto con el agua, el alimento es la primera prioridad ya que cubre las necesidades primarias de las personas afectadas por un desastre de cualquier naturaleza. El agua y el alimento a tiempo salvan vidas, no hay duda. El problema es cuando la ayuda alimentaria se prolonga durante años sin fin y los países donantes “utilizan” esta ayuda para sus propios intereses. Es decir, cuando prima no la filantropía o la mejora de vida de los beneficiarios sino el interés del país donante y de su presunta ayuda desinteresada. Hay países que tienen excedentes de ciertos alimentos y les viene de perlas que haya hambrunas o escasez en otros países... ya que así se hace un regalo institucional al país, y de paso se quitan de en medio molestos excedentes agrícolas mientras se pueden mantener los subsidios a los agricultores puesto que sus productos son utilizados razonablemente en países terceros. Un negocio redondo.

En algunos casos, esta ayuda alimentaria se transporta hasta los países destinatarios y se vende in situ, teóricamente para financiar otros programas (porque un hospital no se puede financiar solamente con granos de maíz)... por lo que al final la comida no llega a quien la necesita, sino a quien puede pagarla. Además, la presencia de productos abaratados gracias a los subsidios que reciben influye negativamente en el comercio local, ya que los productos autóctonos no pueden competir con los de fuera debido al más bajo precio de éstos. Con métodos así, el desastre de los pequeños agricultores y ganaderos locales está casi asegurado. La economía local se ahoga en tanta ayuda exterior que hace imposible que las pequeñas iniciativas puedan subsistir.

De una manera particular, los Estados Unidos son responsables de la mitad de las donaciones alimentarias a los países en vías de desarrollo y con frecuencia utilizando este método de rentabilizar la ayuda alimentaria por dinero líquido. Otra consecuencia de colaborar con este modelo de trabajo es que las organizaciones (No Gubernamentales, por cierto), al aceptar la ayuda oficial de algunos gobiernos, tienen las manos atadas cuando se trata de criticar o de comentar aspectos de política general de desarrollo del mismo país. Uno no escupe en la mano que te da de comer, ni tampoco se pone a criticar al mismo gobierno que te está dando millones de dólares en comida para que lo inviertas en tus programas. Todo un problema ético para la actividad y la incidencia política de cualquier organización que se precie.

Es por esto que la organización CARE internacional ha rechazado aceptar cualquier ayuda alimentaria de los EE.UU. y haciendo así rechazan unos fondos de más de 45 millones de dólares. Todo un pellizco. A partir de ahora intentarán seguir financiando sus programas con dinero que no venga de esta ayuda alimentaria. No todo es blanco o negro en este tema.

Otras organizaciones han decidido no secundar el paso que ha dado CARE e incluso critican que el sistema sea tan malo para las iniciativas locales. La polémica está servida. El caso es que más de una vez, ante una comida preparada con maíz americano o sazonada con aceite vegetal producido en los EE.UU. me he preguntado si no sería más barato el promover que los agricultores locales puedan producir su propio maíz y su propio aceite... no estamos hablando de una producción vinícola que exige la mayor sofisticación... sino de alimentos elementales en la dieta local y que pueden ser fácilmente producidos. La historia del que quiere ayudar a otro dándole un pez y del que en vez de esto prefiere enseñarle a pescar se repite diariamente por estos lares.