miércoles, 18 de julio de 2007 12:02
Alberto Eisman
Si no puedes con él, ármale un escándalo
Durante los últimos años, el arzobispo de Bulawayo Pius Ncube ha sido un firme opositor del despótico régimen de Robert Mugabe en Zimbabue. En sus años más jóvenes, este clérigo fue testigo de cómo Mugabe se ocupó no solo de luchar contra la ocupación colonial, sino también de quitarse de en medio a más de 20,000 personas opuestas a su grupo étnico en Matabeleland. Esto ocurrió en los años 80 y muchos países miraron a otro lado, prefiriendo reconocer al líder que de facto había surgido en el país, aunque hubiera sido a base de represión y de mucha sangre de sus propios conciudadanos.
En los últimos años, este prelado ha hecho confesiones cuando menos impactantes. Una de ellas es "el problema de los zimbabuos es que no tenemos coraje" y se incluye él mismo dentro de esa categoría. Si en aquellos años tuvo que ceder a las presiones incluso eclesiales y calló sobre las atrocidades de Mugabe, hoy, siendo arzobispo, no está dispuesto a callar y se ha convertido en una de las voces más importantes contra los desmanes de un presidente que tiene al país literalmente al límite de la hambruna, con una economía destrozada y una inflación galopante. Su crítica se ha convertido en una piedra en el zapato del presidente y llega hasta el punto de confesar que no le extrañaría que alguien pusiera fin a su vida debido a su combativa postura.
Y como no queda bien pegarle un tiro a un arzobispo (queda mal matar a un obispo, se notaría demasiado, además, no vaya a ser que lo hagan un mártir y para qué quiere más follones el octogenario presidente), pues ha decidido atacar por donde más daño cree poder hacer: en su reputación personal y religiosa. El complot es de película: simplemente se le acusa al obispo de tener una relación íntima con su antigua secretaria, se busca al marido de la misma (que da detalles de la presunta confesión que su arrepentida esposa ha hecho), el cual exige 160.000 dólares de compensación por los daños causados y tiene sus 15 minutos de fama a los que cada hijo de vecino parece tener derecho. Quizás en otras circunstancias, uno podría dudar sobre la veracidad de las acusaciones (siempre se ha dicho aquello de no digas de esta agua no beberé y este cura no es mi padre, ni siquiera los arzobispos son de piedra), pero dadas las circunstancias y las ganas que tiene Mugabe de quitar de la luz pública al clérigo, esto me suena a complot de opereta y bambalinas, a complot oportunista y garbancero de Salsa Rosa casi con tufillo de refrito del Pájaro Espino. Quizás me haya yo metido a juez en un caso ajeno, pero es que no me lo termino de creer... demasiado bien le viene al presidente un escándalo así.
Creo que esta técnica es una prueba más que el presidente comienza a estar en las últimas. Se aferra a su poltrona cada vez más, pero su país se derrumba irremediablemente e incluso su mismo partido comienza a dialogar con otras fuerzas opositoras ya que sabe que, a no ser que se demuestre lo contrario, nadie es inmortal... ni siquiera el más recalcitrante dictador.