¿BombayTe gusta India?, ¿te gusta Karuna?, ¿te gusta Bombay? Esto es lo que les encanta preguntar  a los niños del orfanato Karuna cuando se encuentran con gente que viene a visitar los proyectos. Les gusta ver las caras que ponen los extranjeros que vienen a su país cuando se les dice algunas palabras en español. Normalmente, a la primera pregunta, estos amigos que nos vienen a visitar responden: "Sí, India me gusta mucho". A la segunda, la respuesta suele ser  "Karuna me encanta", pero la tercera...esa ya es más complicada: "¿Qué si me gusta Bombay...?" y se quedan pensando.

Para su sorpresa, Jerry Pinto y Naresh Fernandes,  editores del libro Bombay, meri jan  (Penguin Books, India, 2003)  y cuyo título traducido viene a ser algo así como Bombay, cariño mío, cuentan en la introducción del mismo una anécdota que les ocurrió en Bruselas, mientras realizaban un viaje de placer para conocer la, en su opinión, desarrollada e inigualable Europa. Una húmeda mañana estaban paseando por el Parque de Cinquantenaire, donde hay un gran arco construido para conmemorar los cincuenta años del reino de Bélgica.Pues bien, estos dos amigos se encontraron comentando el uno con el otro, "pues este arco no es para tanto, es tan sólo una versión exagerada de la Puerta de India". El monumento indio se encuentra en el barrio de Colaba, al sur de Mumbai, y es la primera imagen de tierra que se tiene al llegar a India en barco. Aunque la Puerta de India fue construida para conmemorar la llegada de los reyes de Inglaterra, King George V y Queen Mary al subcontinente, en 1911, hoy en día se tiene a  este monumento como uno de los más apreciados de la ciudad de Mumbai.   Kiran Nagarkar, el prestigioso autor de la fantástica novela recientemente traducida al castellano El soldadito de Dios (Galaxia Gutemberg, España, 2008), suspira antes de contestar a la pregunta. Kiran nació en este universo en 1942 y ha visto muchísimos cambios. "Es mi ciudad, supongo que sólo por eso ya le tengo un cierto aprecio, he nacido y me he criado aquí, he visto como desaparecían playas y pescadores, he visto como se llenaba de suciedad y se hacía casi inhabitable...y aquí sigo". Toma un sorbo de su té y confiesa: "Supongo que sí, sí que me gusta Bombay".    

Mi amigo Felipe, que todavía no ha escrito ningún libro pero que es otro de los extranjeros que vive y trabaja en Bombay, responde así en un primer momento: "Me gustaría Bombay si tuviese diez millones menos de habitantes". "Tienes razón,"  le contesto, "y si estuviese más limpia, hay vertederos en todas las calles, y si  no hubiese tanto ruido ni tanta contaminación". Y entonces nos quedamos callados. ¿Cómo podemos quejarnos de la superpoblación, de la suciedad y del ruido? En esta ciudad hay bebés viviendo en las aceras, hay mujeres embarazadas cargando ladrillo para las obras, niños trabajando en los vertederos desde los tres años, ancianos que se pasarán los últimos años de su vida viviendo en una estación pidiendo limosna y siendo extorsionados por las mafias locales.

¿Cómo nos atrevemos a juzgar este universo? Un universo en el que, aunque la mitad de la población no tenga casa, puedes pedir una botella de Dom Perignon en el Hotel Oberoi y pagar 20.250 rupias, sabiendo que hay gente que no ganará esto ni en diez años de su  vida. Una ciudad capital económica de un  país donde todavía la gente muere de hambre y que tiene 150 clínicas para ayudarte a hacer régimen.¿Cómo puedes decidir si te gusta o no? ¿Cómo dar tu opinión sobre este monstruo que a veces te hace sentir la persona más afortunada del mundo y otras insiste en hacerte perder la esperanza? Llego a la conclusión de que no hay respuesta, dejo de juzgarlo y me limito al día a día...y, mientras, en ese día a día, Bombay te llega dentro, te emociona y constantemente te decepciona y, sobre todo, te enseña millones de cosas que no olvidarás en la vida.