MazorcasLa semana pasada estuve visitando algunas de   las comunidades en donde trabajamos. Después de ver los avances, llegó la hora del merecido almuerzo en un pequeño comedor en la ciudad de Alubarén. Compartía mesa con dos campesinos, don José y doña Concepción.

Como no podía ser de otra manera, el tema de conversación era la famosa crisis alimentaria, la noticia de actualidad en todos los periódicos y noticieros del país.


Aprovechando la ocasión, y pensando que el incremento de precios del maíz y frijol les supondría unos ingresos extras, me atreví a preguntarles: "¿Qué van a hacer con el pisto (dinero) que van a ganar con el incremento de precios del maíz y el frijol que producen?"

Ambos me miraron algo desconcertados.

"¿Pisto dices?", respondió don José. "Nosotros no ganamos nada de nada, más bien perdemos. Yo a penas cultivo maíz y tampoco tengo frijol. Mi familia, como gran parte de las de la zona, optamos por seguir los consejos del gobierno de Honduras. Nos dijeron que con el maíz y el frijol nunca dejaríamos de ser pobres, y lo que necesitábamos era producir productos para mandar a vender a fuera de las fronteras, con la cosa de que seguro que nos lo compraban a buen precio. Por este motivo, y confiando en que nuestro gobierno quería lo mejor para nosotros, las familias campesinas, dejamos de producir maíz o frijoles, y destinamos nuestras tierras a productos como el café, hortalizas o la malanga en busca de las ganancias. Te puedes imaginar lo preocupados que estamos ahorita... ".

"Mi caso es un poco diferente",  añadió dona Concepción. "Mi familia sigue produciendo el maíz y frijol, la alimentación de nuestros ancestros, pero no tendremos ganancia alguna de la subida de los precios. Al no tener el dinero suficiente para comprar el abono, los químicos, las herramientas o incluso para pagar la escuela o las medicinas, tenemos que pedir prestado dinero al coyote (intermediario prestamista) comprometiendo nuestra cosecha a éste; él fija el precio (del maíz y del frijol) que más le conviene, sin tener en cuenta nuestras necesidades."

Confundido ante tal respuesta, les pegunté: "¿Y quién va a ser el que se lleve las ganancias?"

"Como siempre, los que salen ganando son las familias ricas de la zona y las empresas gringas. Las primeras, como coyotes e intermediados de nuestra producción, son las que compran muy económico y lo venden caro en la ciudad, haciéndose más ricos todavía. El caso de las empresas es distinto; van a ganar mucho dinero con el ‘bono tecnológico' (un saco se semillas transgénicas, fertilizantes y pesticidas químicos) que es la una de las soluciones que el gobierno ha tomado para incrementar la producción y salir así de esta crisis", aclaró doña Concepción.

En ese momento me di cuenta de que al final, la famosa crisis alimentaria no era sino otra herramienta del modelo neoliberal para imponer sus condiciones en el campo. Recordé un artículo de prensa que había leído hace un tiempo. Hacía referencia a la solución propuesta por el gobierno de El Salvador frente a esta crisis alimentaria, y era la creación de una ley que permitiera la introducción de las semillas transgénicas en su país. ¿Como podía haber sido tan inocente de pensar que las familias campesinas se beneficiarían de la subida de los precios? Las verdaderas beneficiarias, las que con toda esta famosa crisis alimentaria van a "hacer su agosto" no son otras que la Monsanto, Carhill o Syngenta, las grandes empresa agrícolas transnacionales, que con la excusa de incrementar la producción para solucionar el hambre, van a introducir decenas de quintales de semillas genéticamente modificadas patentadas (las semillas transgénicas) con sus respectivos fertilizantes y insecticidas químicos.

Y no solamente van a ganar dinero por su venta, sino que van a crear un ciclo de dependencia a las familias campesinas, ya que estas semillas al estar patentadas, no podrán ser usadas en  las siguientes temporadas, tal y como habían hecho las familias campesinas hasta el momento.