viernes, 22 de febrero de 2008 12:34
Jordi Menéndez,
¿Comida chatarra o comida local?
Imagínense un país dónde un ciudadano emprendedor y con ganas de ganarse la vida decide poner un pequeño restaurante de venta de comida típica nacional. Después de estar muchos meses ‘luchando' contra la burocracia del país, logra al fin la autorización legal para instalarse y abrir el negocio. Compra el mobiliario necesario (parrillas, mesas, sillas, manteles,...) para poder trabajar, el cual, como parece lógico, viene cargado con sus impuestos. Además, el pequeño empresario local paga el cargo por el permiso de operación, los impuestos por volumen de ventas, el impuesto de bienes inmuebles, de rotulación, etcétera. que exige la ley y empieza a funcionar. Tiene suerte y prospera. Obtiene beneficios, y por supuesto, a final de mes le toca pagar el impuesto sobre la renta.
Al rato nos encontramos con un gran inversionista que quiere meterse en el mismo negocio de restauración, pero en vez de local, opta por la comida rápida, o también llamada ‘chatarra', como son las hamburguesas, pizas, pollo frito.... Para hacerlo, decide usar el nombre de una franquicia extranjera. Bajo el pretexto de fomentar la llegada de extranjeros al país, se registra como industria turística y solicita los beneficios correspondientes. Empieza la tramitación de los permisos, y el Gobierno, por supuesto, le facilita toda la burocracia. Es más, las autoridades del país, por tratarse de un establecimiento de comida rápida de franquicia extranjera, le otorga directamente 20 años de exoneración del pago del impuesto sobre la renta y 10 años del pago de impuestos municipales. Y por si no fueran suficientes estas rebajas, decide que va a liberar los impuestos de la mayoría de las mercancías importadas que precisa para que funcione el negocio.
Estos hechos no pertenecen a la ficción. Se trata de una de las desigualdades más importantes con que la población hondureña de clase media y baja, gente con ganas de ganarse la vida de manera digna, tiene que luchar a diario.
Y ante esta situación, ¿qué podemos hacer?
La alianza para la Soberanía Alimentaria y la Reforma Agraria en Honduras (SARA, por sus siglas), una red que aglutina organizaciones campesinas, indígenas, negras, consumidores, sindicales, ambientalistas y Organizaciones No Gubernamentales como es el caso de Veterinarios Sin Fronteras, propone, entre otras acciones, el consumo local de productos autóctonos. El objetivo de la iniciativa no es únicamente el fomento de la riqueza cultural alimenticia legada de los antepasados, sino que al consumir productos locales se beneficia a los pequeñas emprendedores y a todo un pueblo, ya que con los impuestos pagados el Estado debería garantizar los servicios sociales básicos.
Así que ya saben. Aquí en Honduras, yo, como muchos otros y otras, como comida catracha.