En unos días usted y yo estaremos preparando nuestro ritual para recibir al 2008: uvas de la suerte, maletas en mano para viajar mucho, ropa interior que nos asegure éxito, pasión y prosperidad. Pero en Ecuador, familias enteras estarán buscando mucho aserrín, papel y alguna ropa vieja para dar vida a sus "años viejos".
Con mucha creatividad, sentido del humor y hasta un poco de ironía y autocrítica, cada 31 de diciembre las y los ecuatorianos construyen simpáticos muñecos que al dar las doce campanadas son quemados en las calles, en los patios o en cualquier espacio al aire libre que permita decir adiós a doce meses a veces llenos de éxito y alegría, a veces de dificultades y propósitos sin cumplir.
Políticos populares o malqueridos, deportistas y hasta las suegras, los yernos y los esposos malportados suelen ser recreados en estos monigotes que son --asi sin excepción-- la estrella más brillante de la última noche del año. Leer más