Como dice mi abuelita, "todos somos iguales, lo que pasa es que unos son más iguales que otros". Y ese parece ser el sabor de boca que le quedó a la Unión Europea (UE) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) tras el cierre de su tercera ronda de negociaciones para concretar un acuerdo de asociación. En la semana de reuniones celebradas en Quito las asimetrías se robaron el show. 

El tamaño de sus territorios, de sus ingresos, la dimensión de sus mercados y el dinamismo de su actividad comercial, todo es diferente entre las dos regiones. Pero hay algo más. En el caso de los países andinos, las diferencias están también dentro del "barrio".

Los equipos negociadores, los gobiernos, las organizaciones y los movimientos sociales han puesto el acento en la diferencia apoyados por datos. Copié algunos para que los compartamos. Atención porque hay muchos números. Eso sí, no son números cualquiera.

Primero nuestros tamaños. La CAN tiene  cuatro países miembros y la UE, 27.  En la CAN hay 97 millones de personas y en la UE la población suma ya los 497 millones de habitantes. 

Las diferencias están también en los ingresos. El Producto Interno Bruto (PBI) de los andinos es de USD 2800 millones, mientras que en la UE alcanza USD 15,846 millones. Si lo vemos por persona la diferencia es más dramática: cada año, el PBI por persona en los países andinos es de USD 2,887 mientras que en Europa, el PBI por persona es de USD 31,833.

El comercio entre ambas regiones tampoco está empatado.  Para la Unión Europea la Comunidad Andina sólo aporta el 1% de sus exportaciones extra comunitarias; mientras que para la CAN, la UE es el segundo destino comercial.

Eliminar los impuestos a las exportaciones tampoco es un elemento clave para sus relaciones comerciales. ¿La razón? Casi el 100% de los productos industriales, agrícolas y pesqueros que la CAN ingresa a la UE tiene un arancel del 0% gracias a un sistema de preferencias acordado entre los países.

Claro, esa es la perspectiva región-región. Cuando vemos las relaciones comerciales de cada país andino con la EU, la cosa cambia. Por ejemplo, la balanza comercial de Perú con la CAN es de USD 1,222 millones; mientras que la de Bolivia es de USD -106 millones.  Para quienes saben de estos temas esto se llama "importancia diferenciada relativa del mercado de la UE para los países de la CAN".

En inversiones, la balanza también es desigual. LA UE es la principal inversionista en la CAN, mientras que la inversión de los países andinos no es relevante para Unión Europea. Si de estricto intercambio de productos se trata, el panorama no cambia. La mayor exportación de la CAN a la Unión Europea es clave. Se trata de petróleo, oro, cobre y zinc, la conocida "industria extractiva".

¿Cómo concretar la integración en este escenario de diferencias? ¿Cómo llegar a consensos? Pues en la forma de la negociación también hay diferencias. La UE tiene un mandato único para todos sus países miembros, mientras que la CAN ha optado por definición de prioridades especiales para cada país. En este punto hay visiones de desarrollo diferentes y por lo tanto, enfoques de negociación distintos.

En el papel, ese mandato busca alcanzar una zona de libre comercio que contribuya a la cohesión social y el acceso a servicios, así como los derechos humanos y la democracia. Posible o no, ya lo veremos. El riesgo que, mientras haya asimetría e inequidad, los beneficios no lleguen a todos.

Por último pero no menos importante: una de las más grandes asimetrías está entre hombres y mujeres.

En la CAN, las mujeres están dispuestas a trabajar por menos ingreso, es decir, tener empleo no garantiza para ellas la superación de la inequidad y no contribuye a reducir su pobreza.  ¿Un dato más? Según la ONU el salario promedio femenino es 14,28% inferior al masculino, y en países vecinos al Ecuador el 8 de cada 10 mujeres ganan menos de dos salarios mínimos mensuales.

Unos son más iguales que otros...Parece que mi abuelita tenía razón.