Durante dos semanas las lluvias en Ecuador fueron infinitas. El cielo estaba roto, como dicen las abuelas. Fue cuestión de horas para que telediarios y periódicos empezaran a mostrar cultivos anegados, carreteras destruidas, ciudades enteras convertidas en grandes manchas de agua, poblaciones que poco a poco fueron quedando aisladas, sin agua y sin alimento. 

Una semana después que las inundaciones alcanzaron su punto más crítico, la solidaridad con las familias afectadas continúa... y las lluvias también. Lo que parecía un invierno más se ha convertido, cuenta la gente, en el peor de la última década.  Cuando estuvimos allí, lo confirmamos.

Sabíamos que las necesidades eran muchas y urgentes, así que cuando las autoridades solicitaron ayuda internacional viajamos desde la Oficina de Intermón Oxfam, en Quito, hacia la provincia de Los Ríos, una de las más afectadas. ¿Nuestro objetivo? Entregar kits de aseo en los albergues, donde garantizar buenas condiciones de higiene es siempre una prioridad para la salud de las familias.

En coordinación con las representantes del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) identificamos los lugares donde la ayuda era escasa y nos pusimos manos la obra. Nuestra primera parada fue el cantón de Urdaneta, donde seis centros educativos funcionaban como albergues. "Bienvenidos a nuestra casa", nos dijo Mónica Ripalta cuando llegamos al suyo, en el Colegio Simón Bolívar. Colchones, mantas, algo de ropa y algunas pertenencias que lograron rescatar en medio de la lluvia llenaban el espacio donde antes estaban los pupitres.   

"Yo soy la coordinadora de las familias y acá somos 45 mujeres, 28 hombres y 27 niñas, niños y adolescentes. ¿Qué otro dato necesita?". El orden y la gran disposición de Mónica nos dejaron bien impresionados y ella supo darnos una explicación: necesitaban mantener el albergue limpio, garantizar comida para todos, dosificar el agua, cuidar a las personas mayores y los más pequeños. "Tenemos que organizamos, distribuir tareas y mantener este lugar en buen estado, sólo así podremos enfrentar lo que falta del invierno", nos explicó.

Contagiados por su energía y entusiasmo, continuamos la distribución. Un representante de cada familia recibió el kit, firmó el acta de entrega y nos regaló una gran sonrisa. Así un albergue tras otro, en Urdaneta, Ventanas, Babahoyo. Al final del día 1.000 personas habían visto mejorar, al menos un poco, esa vida que construyen tras las inundaciones.

Ya estamos listos para el segundo viaje: esta vez mejoraremos el servicio de agua en los albergues y 2.000 familias recibirán artículos de higiene y alimentos.  ¿Será suficiente?  Probablemente no. Luego de algunos días de sol, esta noche las lluvias torrenciales dijeron presente. Los noticiarios en la radio explican que será así todo el fin de semana, quizás todo marzo... y quizás todo abril.