jueves, 07 de febrero de 2008 11:33
Susana Arroyo
Despertó la 'garganta de fuego'
Ayer, martes noche, las explosiones y los sismos se hicieron cada vez más intensos y los casi 20.000 habitantes de las zonas cercanas al volcán Tungurahua sabían de qué se trataba: una nueva erupción había comenzado. Esta vez, como en julio del 2006, el volcán hizo honor a su nombre en idioma quichua y de su 'garganta de fuego' expulsó rocas, material incandescente y una columna de ceniza que se eleva 10 kilómetros por encima de su cráter.
Minutos después y siguiendo al pie de la letra sus planes comunitarios de contingencia, cientos de familias iniciaron la evacuación de las zonas de riesgo. Son casi 1.500 las personas que se encuentran en las escuelas y casas comunales que suelen funcionar como albergues.
¿Cuánto tiempo estarán ahí? No hay una sola respuesta. Algunas familias decidieron regresar a sus viviendas durante el día, otras han preferido esperar. Mientras tanto, las autoridades han declarado alerta roja en las provincias de Chimborazo y Tungurahua y el Instituto Geofísico (IG) (entidad responsable del monitoreo del volcán) sigue rigurosamente su comportamiento.
En todo caso, los albergues deben ofrecerles condiciones mínimas: servicios de saneamiento de calidad, espacio suficiente para todos y acceso diario a al menos 15 litros de agua por persona. En Pelileo y San José de las Queseras, los albergues cumplen con esos estándares luego de la implementación del proyecto "Preparativos para desastres en las provincias de Tungurahua y Chimborazo". Hoy, las autoridades ubicaron en ellos a cerca de 30 familias.
En los alrededores del cráter viven unas 20.000 personas distribuidas principalmente en las localidades de Baños, Bilbao, Huambaló, Palitahua, Cusúa, Manzano, Pillate, Patate, Quero y Chonglotus. Todas ellas se mantienen a la expectativa.
Acá en Quito son las siete de la noche y a casi 24 horas de la erupción el volcán ha entrado en un estado de tensa calma. Ahora, según el IG, podrían ser tres los escenarios: que tras esta pausa venga una actividad mayor, que la actividad se mantenga, o bien, que disminuya luego de liberar gases, rocas y ceniza. El margen de acción del volcán es amplio, el de las comunidades no: su única opción es estar preparadas.