lunes, 17 de marzo de 2008 12:39
Imma de Miguel
Los precios suben
Cuando los precios de los productos básicos suben para el consumidor, se produce un movimiento generalizado tanto entre los ciudadanos como en los medios de comunicación que, sumados a otros motivos de descontento, derivan en movimientos sociales de protesta como los de hace unos meses en Mauritania, unas semanas en Camerún y unos días en Burkina, por citar algunos países. En cambio, cuando los precios de compra al campesino bajan, incluso por debajo del coste de producción, pocos son los que lo saben y menos los que protestan.
Acabo de llegar de Burkina, el sábado hubo una nueva manifestación sobre la ‘vie chère'. Fueron prudentes, ya que unos días antes las manifestaciones acabaron con los semáforos de la ciudad y con algunos arrestos. Esta vez, hasta donde sé, la marcha fue más tranquila (me pregunto si las fuerzas del orden eran más numerosas que los propios manifestantes...).
En Burkina, el 80% de la población vive de la agricultura. Es fácil imaginar que una bajada de precio del algodón o del maíz que se paga al productor tiene un impacto tan importante como la subida de precios actual. Pero raros son los movimientos que denuncian la situación y aún más raras las medidas del Estado para mitigarlos.
Durante tres meses, productos básicos como la leche o el arroz podrán entrar en Burkina sin pagar aranceles. Ésta es una de las medidas que el Estado ha tomado para contrarrestar la subida de precios en el mercado internacional, y teniendo en cuenta que estos aranceles son ya extremadamente reducidos, cabe preguntarse sobre la efectividad de la decisión. El potencial de producción de estos productos en Burkina es grande y una de las causas por las que este potencial está débilmente explotado es porque ‘los liberales' piensan que la producción de arroz o de leche en Burkina es demasiado cara y que es mejor abastecerse en el mercado internacional en países con costes de producción más bajos, sea naturalmente o a golpe de subvenciones.
Ahora, estamos viendo en vivo y en directo los límites de esta teoría. ¿Es verdaderamente soberano un país que depende sustancialmente del exterior para abastecerse de los productos básicos de la alimentación de sus ciudadanos? La respuesta no es difícil, NO, y si el país es pobre, aún menos. ¿De dónde va a sacar el Estado el dinero para ajustar su balanza de pagos (equilibrio entre las exportaciones y las importaciones) y además subvencionar los precios al consumidor?
Por desgracia, los políticos acostumbran a gestionar sus países con una visión de corto alcance (hasta las próximas elecciones) y, desde ese punto de vista, necesitan resultados rápidamente, que sean duraderos o no es relativo. Se necesitan dirigentes atrevidos y visionarios para decidir que es necesario un tiempo de vacas flacas para desarrollar la producción local con inversiones en la agricultura y la agroindustria y una protección adaptada a las necesidades de aumento progresivo de competitividad de la producción local.
Sin esas decisiones, la dependencia del exterior para alimentarse no dejará de aumentar y eso implica que millones de personas dependan de decisiones políticas tomadas en otros países para algo tan fundamental como alimentarse.
Sin esas decisiones, la gran mayoría de la población de los países de África del oeste continuara empobreciéndose, imposibilitada de acceder al derecho universal de ganarse la vida con su trabajo.