Control en YamenaLa verdad es que tengo uno de los trabajos más bonitos que podría haber imaginado. Acompaño a la gente que planifica el desarrollo de su comunidad, de su región, de su país... acompaño a la gente que sueña y que cree en un mundo mejor.

Esta semana he estado en Burkina Faso y he vivido dos sensaciones contradictorias: de desesperación por las noticias que llegan del Chad y de esperanza,  trabajando con las organizaciones y los compañeros de Burkina.

La guerra en Chad, bueno, la guerra de este año, empezó una semana después de que yo saliera del país. Durante mi estancia estuve rodeada de personas que creen en el futuro, que sueñan con un país en paz y próspero para sus hijos. Con ellos, hicimos una planificación a cinco años vista para poder contribuir con nuestro granito de arena en esta tarea. Pero, cuatro  días después empezó la guerra.

Los cooperantes con los que trabajé, después de un buen susto, fueron evacuados a sus países respectivos, pero los compañeros chadianos y sus familias se quedaron. Al principio, nos quedamos sin noticias suyas, una desconexión que se fue resolviendo con el paso de los días. Supimos que algunos habían ido a Camerún buscando refugio mientras duraran los ataques (imagino el miedo de la mujer de Ninga, embarazada de 8 meses) y otros optaron por quedarse en casa.

Mi pregunta, cuando la vida normal empieza tímidamente a instalarse en Yamena, es qué moral tendrán ahora mis compañeros para seguir soñando en un futuro mejor, en el realismo de esos planes que hicimos con tanta ilusión sólo hace 15 días. Los rebeldes se alejan pero prometen volver con más armas y el Presidente no está dispuesto a marcharse.

¿En estas circunstancias, es posible hacer planes a largo plazo en un estado tal de inseguridad? Mi respuesta es que es difícil pedirle a una persona que sueñe con un mundo mejor, cuando se levanta por la mañana y su prioridad es acabar el día con la familia sana y salva. O trabajar por un cambio profundo en la vida de la gente, cuando las personas que deben protagonizar ese mismo cambio están ahora, una vez más, paralizadas por el miedo, por la destrucción y por la incertidumbre. Y que es difícil acompañar este proceso, porqué sin sueños se anda a ciegas y ahora sólo los más osados sueñan.