viernes, 07 de diciembre de 2007 15:39
Imma de Miguel
La voz de un campesino
La semana pasada participé en Bruselas en la reunión de la Red de prevención y gestión de crisis alimentarias en el Sahel y Africa del oeste. Es un encuentro donde se reúnen los donantes y los países de la región. La agenda estaba cargada de temas sobre la situación alimentaria actual y las previsiones para la región y de informaciones sobre los instrumentos que la Red utiliza para gestionar y prevenir las crisis alimentarias. Pero entre todas estas cuestiones, al final de la reunión no pudo faltar una discusión sobre los acuerdos de cooperación económica que la región negocia con la Unión Europea (UE).
Puede parecer curioso que en una reunión que habla de seguridad alimentaria se integre un tema tan específico sobre comercio internacional, pero la crisis del 2005 en Níger demostró la influencia determinante del comercio en la seguridad alimentaria de un país.
El tema lo puso sobre la mesa un representante de la UE, que repitió como una lección aprendida de memoria los objetivos de los acuerdos sobre desarrollo, integración regional e integración de la región en la economía mundial, entre otras cuestiones. Su intervención fue seguida por la de un gabinete de estudios francés, que resumió los resultados de estudios de impacto sobre seguridad alimentaria y mostró los riesgos de estos acuerdos sobre los sectores productivos. Finalmente, el presidente de honor de la Red campesina de África del oeste (ROPPA), Mamadou Cissokho, expuso la opinión de los campesinos, que son más del 60% de la población de esta región africana.
Mamadou habló durante más de un cuarto de hora, sin tener ningún papel delante de él. Su presentación fue impresionante. Empezó con un relato de las riquezas y las potencialidades de la región. Pasó revista el proceso de negociación con Europa, para denunciar que ésta no había estado a la altura de su interlocutor, a pesar de las diferencias en el desarrollo entre ambas partes. Siguió para pedir responsabilidades a los estados de la región, por no asumir su deber sobre el desarrollo de sus países y de la región, y acabó denunciando las tácticas de negociación actuales de la UE, para decir que son contrarias a los objetivos previstos en los acuerdos.
Cuando acabó, todo el mundo (excepto el representante de la UE) aplaudió emocionado. Había situado las responsabilidades tanto de los países de África del Oeste como de la UE de la manera más digna posible, con el compromiso de trabajar para potenciar las inmensas capacidades de la región, de su tierra.
Después de abrir una ronda de preguntas, en la que los asistentes a la sala expresaron sus miedos, le tocó el turno de respuesta a la UE. Otra vez, la primera frase fue la repetición de que el objetivo de Europa en estos acuerdos es el desarrollo de los países Africa, Caribe y Pacífico (ACP). Sin dejar acabar la frase, la sala no pudo contener la risa y el representante de la UE hizo una pausa.
Ahora, cuando recuerdo este momento desde la distancia, en Benin, me parece increíble y tremendamente triste. Es la muestra de la profunda ruptura que hay en la colaboración entre Europa y los países de la ACP y, más concretamente, con África. En la víspera de la cumbre entre Europa y África, la crisis se hace más palpable y las hipocresías acumuladas van a salir a la superficie.
Recuerdo que al final de la reunión en Bruselas fui a felicitar a Mamadou por su intervención y le comuniqué mi admiración por poder articular tan bien las ideas sin soporte escrito. Su respuesta fue taxativa: “Para mi es sencillo, lo que digo me sale de las entrañas, no puedo soportar más que a pesar de tener todo lo necesario para vivir bien, sigamos sumidos en la pobreza”.