MauritaniaAhora de vuelta en Benin, pienso en mi visita a Mauritania y hay una imagen que tengo grabada y que ilustra las contradicciones y complejidades del mundo en que vivimos.

Era en un pueblo del sur de Mauritania, Wothie, a la orilla del río Senegal. Estábamos sentados en círculo sobre esteras en el suelo entre una mezquita muy grande y lujosa en comparación a las casas del pueblo y una casa particular a medio hacer de tres niveles. La mezquita había sido construida con las contribuciones de los habitantes del pueblo y la casa de tres pisos era de un emigrante que vive en Europa. El resto eran casas de adobe.

Nos habíamos reunido con la agrupación de campesinos de pueblo, primero con las mujeres que cultivan la huerta y después con los hombres que cultivan arroz en regadío. Queríamos saber cómo avanzaba la campaña, qué resultados esperaban y qué problemas tenían o preveían.

Su descripción fue una retahíla interminable de problemas. En unos casos, el coste para lanzar la campaña agrícola había sido tan alto este año, en el que ni el gasóleo ni los abonos habían sido subvencionados por el estado, que mucha gente no había podido cultivar, sin tener otra alternativa económica al alcance de la mano. O sí, depender de las remesas enviadas por sus familiares que habían decidido buscar suerte lejos de sus hogares.

En el caso de los que habían empezado, a pesar de lo invertido, lo habían perdido casi todo a causa de las inundaciones que habían afectado gran parte del terreno irrigado,  destruyendo los cultivos y también las instalaciones.

Otros apuntaban que este año, antes de empezar la campaña, el estado había puesto en marcha un proyecto para rehabilitar las instalaciones, pero con tantos fallos técnicos que bombear el agua del río para el riego provocaba un sobrecoste en combustible que ponía en peligro la rentabilidad del terreno. A todo ello, se iban añadiendo otros problemas: los pájaros, el precio de las semillas, que se habían multiplicado por dos….

Al final de su exposición, les preguntamos qué habían hecho ellos para solucionar alguno de los problemas de su interminable lista y nos dimos cuenta que sus intentos de solución también estaban minados por problemas profundos:

--Habían escrito un informe de los daños provocados por las inundaciones que habían remitido a las autoridades, pero a pesar de que una delegación estatal y de actores del desarrollo les había hecho una visita, hasta la fecha, no habían recibido ninguna ayuda. Ellos pedían facilidades para poder lanzar otra campaña, esta vez de mijo o maíz, pero si tardaban mucho ya no sería posible. Decían que no querían la ayuda alimentaria, si no los insumos necesarios para poder producir ellos mismos su comida.

--Habían acudido también a la federación de productores, pero no tenían confianza en sus líderes, ya que, según ellos, estaban ligados a la política y no eran verdaderos productores o eran grandes productores con otros intereses. No estaba claro, por tanto, que adoptaran las decisiones a favor de los más pobres.

--A nivel particular, lo que habían hecho era cotizar para constituir un fondo y lanzar una segunda campaña y en eso estaban, esperando poder llegar a constituir un estoc que les permitiera alimentarse el año que viene. Pero hasta la cosecha, les separaba un periodo de vacas flacas…

Escuchando tanta miseria y paseando mi mirada entre la mezquita, las casas de adobe y la casa del emigrante, me preguntaba sobre el futuro de ese pueblo, del porvenir de sus jóvenes y podía imaginar con facilidad que emigrar debía de ser uno de sus deseos más fuertes. ¿Qué otra alternativa les queda?

Intermón Oxfam podrá ayudarles para realizar la campaña agrícola este año, pero ¿hasta cuando? Los problemas reales son otros: un estado ausente e irresponsable, una ayuda internacional inapropiada, unos actores manipulados, … ¿por dónde empezar?