lunes, 11 de junio de 2007 17:46
Imma de Miguel
El Chad, un país impresionante
La semana pasada la pasé en N’djamena y justo antes de llegar, hubo una intensificación del conflicto en la zona próxima a Darfur y en la radio no dejaban de hablar de ello.
Cuando uno conoce el país, sabe que la distancia entre la zona de conflicto y la capital es suficiente para no percibir la guerra, pero me parecía curioso compar los comentarios que me hacían la gente de Benin --donde vivo--, preguntándome si no me daba miedo ir a un país en guerra, y mis colegas del Chad que solo me comentaban el intenso calor que hacía y la epidemia de meningitis que se había instalado. Parece mentira, pero un pueblo se acostumbra a la guerra, se acostumbra a vivir rodeado de militares (mal pagados, es decir que buscan dinero…) y armas.
El motivo de mi viaje fue reunirme con el equipo de Intermón Oxfam del Chad y el grupo de contrapartes del sur del país --la zona más fértil--, para planificar el nuevo programa de lo que en nuestro argot llamamos medios de vida o justicia económica.
Uno se siente pequeño planificando justicia para todos en un contexto donde la injusticia y la inseguridad se viven tan a flor de piel.
Mientras nuestro grupo estaba en la sala intentando cambiar el mundo (o un trocito de él), unas manzanas más allá, en un mercado, un grupo de militares mataba a dos comerciantes (hermanos). El motivo: impedir que se llevaran unos neumáticos sin pagar. En nuestra sala, podíamos disponer de electricidad gracias a los grupos electrógenos que todo centro, o despacho que quiera funcionar, necesita, ya que los cortes de electricidad son la norma, a pesar de que el Chad es un país productor de petróleo.
Por donde empezar?
Diversas personas vinieron a presentarnos el contexto sobre los temas que nos interesan: políticas agrícolas, políticas comerciales, el sector algodonero, la inversión de los beneficios del petróleo en el sector rural en general y en la zona productora en particular.
Es difícil tener impacto en lo que se hace sin conocer el contexto, pero tampoco es simple saber lo que organizaciones como las que estábamos presentes: ONG de iglesia, ONG locales, ONG del norte, organizaciones de productores, ligas de consumidores…, pueden hacer para cambiar un contexto tan adverso.
Acupuntura creo que es un buen término para definir lo que estábamos haciendo: ¿sobre qué sector, con qué actores y en qué cambios estratégicos nos teníamos que concentrar para provocar cambios reales en la vida de la gente? Estos cambios, lo veíamos claro, tenían que ser personales (respetar los protocolos técnicos de producción de cacahuete), comunitarios (organizar la producción para poder venderla mejor y a mejor precio, o transformarla para darle un mayor valor añadido), zonales (con una buena red de pistas y carreteras), nacionales (políticas que generen un contexto adecuado para el desarrollo de la agricultura), internacionales (evitando que productos subvencionados, que excluyan del mercado a productores de algodón que cuentan con este cultivo para ganarse el pan). Todo está interconectado, y un cambio sin el otro no es suficiente para alcanzar cambios de manera durable.