Vertedero SowetoHace unas semanas la noticia de que en Suráfrica la población andaba a la caza y captura de los emigrantes más pobres nos pilló a todos por sorpresa (incluido al propio Gobierno surafricano). Vimos imágenes de casas ardiendo, cuerpos marcados, caras de miedo, refugiados en comisarías y trenes llenos de gente huyendo de los linchamientos. Me preocupa que la gente piense "ya están otra vez estos africanos liándose a machetazos unos con otros". He estado varias veces en Suráfrica y es un país con una historia reciente admirable. El tema, como es habitual, es algo más complejo que un brote de xenofobia.

Se desconoce con exactitud el balance final de los linchamientos a emigrantes pero sabemos que hay más de 60 muertos, cientos de casas y pequeños negocios destruidos y decenas de miles de huidos. Aunque los ataques se extendieron por todo el país, la mayor parte tuvo lugar en los barrios más pobres de Johannesburgo.

Suráfrica es un país inmensamente más rico que sus vecinos. El sueño de millones de personas de Zambia, Zimbabue, Mozambique, Suazilandia o Lesoto es irse a trabajar allí. En el caso de Mozambique, en la frontera entre los dos países se encuentra el Parque Nacional de Kruger, y cada año varias personas arriesgan su vida atravesándolo a pie, con riesgo de ser comidos por los leones, cosa que a veces pasa.

Pero Suráfrica, siendo más rico que sus vecinos, tiene sus problemas internos. Como herencia del ‘apartheid', se puede pasar aquí en pocos metros del primer al tercer mundo. El PIB, el volumen de la economía, el nivel de exportaciones, etcétera, es enorme, pero al mismo tiempo es el octavo país más desigual del mundo, el 56% de la población activa no trabaja y el 34% vive con menos de dos dólares al día.

¡Y en estas condiciones, tiene que recibir millones de inmigrantes de los países vecinos! Hay más de cinco millones de emigrantes. Solo de Zimbabue, empujados por el colapso de la economía, han llegado más de tres millones de personas en los últimos siete años. Imaginaros el choque que supondría en España que llegaran tres millones de marroquís en solo cinco o seis años, y eso que España tiene una economía infinitamente más capaz de absorber mano de obra que la surafricana.

Una de las secuelas más negativas del ‘apartheid' fue el urbanismo racista. Hay barrios de chalets con jardines, alambradas electrificadas, centros comerciales, gimnasios, y parques, mayoritariamente blancos (Sandton). Luego están lo famosos guetos construidos durante los año del ‘apartheid' en las afueras de las ciudades, compuestos por miles de casas pequeñas iguales, con electricidad, agua y alumbrado público (Soweto). Por último, existen los asentamientos informales, de pequeñas chabolas amontonadas desordenadamente, sin alumbrado ni electricidad. Es aquí donde se producen la mayoría de los asesinatos, de las violaciones, de los robos. Es aquí donde viven las personas más pobres, los niveles más bajos de educación, donde llegan los emigrantes y los surafricanos que no han tenido suerte. Es aquí donde han ocurrido la mayor parte de los ataques.

No es casualidad que estas cosas pasen en ambientes de miseria absoluta. No se justifica, y de hecho todas las asociaciones del país, incluidas las formadas por habitantes de estos barrios, han condenado los ataques, han recordado la solidaridad de los países vecinos con los surafricanos durante la lucha contra el ‘apartheid' y han defendido los derechos de los inmigrantes. Incluso hay que recordar que los ataques no han sido llevados a cabo por las masas, sino por pequeños grupos organizados.

Cuando ocurrieron los ataques xenófobos, la asociación de chabolistas de suráfrica Abahlali baseMjondolo emitió este comunicado, que para mí, describe acertadamente la situación: 

 "Oímos a los analistas políticos diciendo que hay que educar a los pobres sobre xenofobia. La solución siempre es "educar a los pobres". Cuando enfermamos de cólera nos deben educar en cómo lavarnos las manos, cuando lo que realmente necesitamos es agua limpia. Cuando nos quemamos nos deben educar sobre cómo usar el fuego, cuando lo que necesitamos es electricidad. Se trata simplemente de culpar al pobre por su sufrimiento. Queremos tierra y vivienda en las ciudades, queremos ir a la universidad, queremos agua y electricidad. No queremos ser educados para sobrevivir con nuestra pobreza".

Una vez más las raíces de la violencia en África no hay que buscarlas en razones étnicas sino en la insultante miseria en la que viven millones de personas.