Mi Van Gogh particular... 

Uwe me pinta la cara.

Según Uwe, un marinero que dejó el mar para naufragar en tierra, parezco alemana. Le he dicho mil veces que no, que nací en La Roca del Vallès, un pueblo a 30 kilómetros de Barcelona. A él le parece un nombre muy exótico, pero a mi lo que me parece realmente sorprendente es su vida. Y que sepa tanto de pintura. Y que pinte tan bien.

Yo, por mi parte, estudié publicidad en la Autónoma de Barcelona y ahora hago de mal periodista en el departamento de comunicación de Arrels Fundació. Aquí atendemos (¿atendemos es la palabra?) a personas sin hogar. Muchas de ellas duermen en la calle o en sitios y condiciones muy tristes. Uwe era una de estas personas. Ahora tiene dentadura nueva, comparte piso y es feliz con sus lienzos y pinceles. Todo esto después de una separación matrimonial dura que lo dejó literalmente en la calle.

Le conocí la primavera del 2003 en el centro abierto.Por aquel entonces, yo iba prácticamente todas las tardes como voluntaria. Él dormía en la calle. En Diagonal Mar. Ya llevaba más de tres años haciéndolo. Decía que nos conocimos en el centro abierto de Arrels y allí, en el “rincón donde se pinta” empezó lo de “pareces alemana...”, “¿tú crees que puedo ducharme?”, “es que me duele mucho la tripa...”. Al cabo del tiempo, ese dolor de tripas se concretó en una dolorosa gastritis, ahora ya resuelta. No sé, señores, ¿qué quieren que les diga? La vida a veces es tan compleja que una de repente se encuentra con un tiarrón que ha vivido lo invivible en la calle y te suelta: “ A mi, lo peor que me puede pasar es no tener ojos, quedarme ciego. Yo, sin pintar, estoy muerto”. Y él me pintó un gran cuadro como regalo de bodas. Me dijo que intentaría regalarme un paisaje verde y bonito. Pues eso es todo.

Trabajo en el departamento de comunicación de Arrels, tengo 36 años y si ustedes me permiten, les voy a ir contando lo que veo, lo que oigo y lo que me cuentan mis vecinos de calle. Y no, no soy alemana.

 

 

Olga