viernes, 18 de abril de 2008 12:18
Olga García
Pasar la línea

Creo que de lo que voy a escribir podrían hablar la mayoría de los autores del resto de blogs. Me refiero a pasar la línea: la línea entre el trabajo y la vida, entre lo laboral y lo personal, entre la solidaridad y la amistad. Guste o no, se reconozca o no, la línea existe. Nosotros, los trabajadores y los voluntarios estamos a un lado de esta línea invisible. A los que atendemos, a los que acompañamos, están en la otra. Es así. De una manera sutil e imperceptible esta línea se traza.
Algunas veces la he cruzado. Casi de puntillas. Como Pere, un voluntario de Arrels, que el otro día invitó a tres personas a su casita de campo a pasar el fin de semana. Esas tres personas eran "los ayudados". Alrededor de esta chimenea la línea se desarmó, se quebró. Simplemente eran unos que habían decidido hacer una costillada y pasar unos días agradables.
Me gustaría que eso fuese más habitual, pero también sé que no es posible en todos los casos y que el haber mucha implicación personal no es garantía de resolver los problemas y tirar pá lante... Prueba de ello es que a muchos de nosotros nos cuesta afrontar los problemas que más nos tocan la piel: las enfermedades, muertes, separaciones, crisis y depresiones de nuestros hermanos, maridos, hijos, amigos...Para echar una mano hay que tener dos cosas: GANAS y PERSPECTIVA (también, claro está, saber a dónde acudir), pero lo segundo es terriblemente importante y sólo dispones de perspectiva si eres capaz de tener un poco de distancia. Pero esa distancia no es fría. O no debería serlo.
Hay dos personas (dos "ayudados") por quien vibro especialmente. Quiero invitarles a comer a mi casa, pero tengo un poquito de congoja y me siento estúpida por ello. Sé que la línea se difumina y me asaltan algunas preguntas:
- ¿estaré a la altura de la confianza que les demuestro?
- ¿a qué me ata este gesto?
- ¿qué pueden esperar ellos de mí después?
- ¿y las otras personas, los otros "ayudados"?
- ¿pienso demasiado?
- ¿qué mantel pongo?