Cartel de la campañaEl autor del testimonio, R. B., relata que lo encontró el martes 12 de diciembre del 2006 entumecido por el frío “y decía estar muy mal”. Francisco era un joven de 35 a 40 años, de Amara, que vivía en la calle todo el día, “como un loco”, excepto cuando iba a comprar comida, tabaco y vino, con el dinero que conseguía pidiendo.

Primer día. El autor le llevó a cenar a su casa y le invitó a ir a un lugar donde pudiera dormir bajo techo y caliente (no quería ir a Aterpe, a donde había ido bastantes veces antes). “Era una persona con un trastorno psíquico importante: no soportaba los lugares con gente. Por ello no volvía a lugares habilitados para dormir donde todos pernoctaban en un único espacio”. Por fin, fue a dormir a Hotzaldi, habilitado por Cáritas para el invierno.

Segundo día.  Al día siguiente no quería volver. Anunciaban heladas por la noche. Tras cenar juntos, el hombre le propuso volver a Hotzaldi, pero no quiso de ninguna de las maneras: “No te pongas cabezón, no me vuelvas loco”, le dijo. Ante su impotencia, R.B. llamó al 112 SOS DEIAK y pidió que asistieran a Francisco. Le remitieron a la policía municipal, al 092. Allí le dijeron que no actuarían contra la voluntad de Francisco. R. B. les contestó que con la helada se iba a morir y que se trataba de una persona con un trastorno psíquico importante. Le dijeron que entonces no era problema policial, sino médico, y que llamara al 112.

Tras insistir, en la policía le prometieron que “darían una vuelta”. Volvió a llamar al 112, le respondieron que si él no quería, no iban a obligarle. Les repitió que el hombre “se iba a morir”. Insistieron en que ya habían dado respuesta a su petición. También llamó a un servicio de urgencias de la Diputación, donde le comentaron que no se dedicaban a trasladar mendigos. Volvió a llamar a la policía municipal, donde le respondieron que nadie le había dicho que iban a personarse. Hacia las doce de la noche, R. B. se acercó y vio que estaban tres policías municipales hablando con Francisco.

Tercer día. La situación era parecida. Hubo una fuerte helada, Francisco entumecido y sin querer ir a ningún sitio. Allí se quedó intentando dormir.

Cuarto día. Al día siguiente, R. B. no podía dormir y fue a las cinco y media de la mañana a ver a  Francisco.  No se podía mover, ni siquiera hablar, solo le salía un hilo de voz. Lo introdujo a rastras en su coche y le llevó a urgencias. Presentaba síntomas de hipotermia, hipotensión e hipoglucemia. A las 8 de la tarde, Francisco murió.

Este testimonio, real, está recogido en ‘Dos hechos cercanos’, Materiales Campaña de la Atención a la enfermedad mental”, editado Cáritas Diocesana de San Sebastián, en el 2006.

Ocurre en muchas ocasiones que cuando las personas sin hogar se acercan a centros de salud para ser atendidos, se les rechaza y se les exige «limpieza y decoro personal» sin tener en cuenta la situación social que están sufriendo.

También sucede que hay gente que se queda en el camino, porque está en tierra de nadie. ¿Es asunto de la policía? ¿De los equipos médicos? ¿De los servicios sociales? También ocurre que cuando una de estas personas ha sido ingresada y finalmente es dada de alta, vuelve a la calle sin más. Y en la calle pasa la convalecencia. Y en la calle se supone que tiene que curarse y reponerse.

Precisamente, estos son algunos de los aspectos denunciados este año en la campaña del Día de los Sin techo, que se conmemora el 25 de noviembre.

Cáritas, Faciam y Feantsa España han escogido la salud como eje de la campaña del Día de los Sin techo. ¿Porqué? Porqué han detectado que los problemas de salud pueden provocar la exclusión (causa), o aparecer después (efecto). En ambos casos, las personas sin hogar ven reducida su esperanza media de vida en 20 años respecto el resto de la población.

Los estudios revelan, además,  que la situación de vulnerabilidad en la que viven las personas sin hogar se agrava por un deterioro físico y psíquico. La campaña denuncia que en un 66% de las ocasiones las personas no tienen acceso al sistema de salud y la cobertura sanitaria (calidad y amplitud) brindada es deficiente (51%).

¿Más datos del mismo informe? Las principales barreras en el acceso que sufren las personas sin hogar tienen su origen en el sistema de salud (91%), en los profesionales (5%) y en las propias personas sin hogar (4%).

Algunas de ellas son:

-- Carecen de tarjeta sanitaria.
-- Horarios inflexibles en atenciones médicas, ausencia de domicilio fijo para asignarles médico.
-- Falta de espacios de recuperación en convalecientes.
-- Falta de recursos para enfermos mentales.
-- Falta de implicación y atención de los trabajadores sociales de los hospitales
-- Discriminación por su aspecto físico. Se les niega la atención por el estado físico o la imagen (mal aseado, sucio, etc.).
-- Estar bajo efectos de sustancias tóxicas.
-- Rechazo al tratamiento por desconfianza hacia los servicios sanitarios.

Lo que finalmente se pide, entre otras cosas, es:

-- Formación del personal sanitario: áreas de psiquiatría, drogodependencias, etc.
-- Crear centros residenciales intermedios para la rehabilitación.
-- Medidas innovadoras en el acceso a la salud
-- Coordinación sociosanitaria
-- Acceso a tarjetas sanitarias.