Morir en silencio

Jacobo ha muerto. Tenía 62 años y era de Alicante. Como mínimo ha vivido en las calles de Barcelona tres años. Muchos problemas familiares y, eso sí, “amigo de sus amigos”. Enrique (un día hablaré de Enrique) es un voluntario del equipo de calle de Arrels y ha escrito esto recordando a Jacobo..

“Murió sin nadie saberlo. Por sorpresa. Cuando apenas había comenzado a vivir de otra manera. Se murió en silencio. En el silencio que él pedía, como gesto habitual, con su dedo índice levantado tapándose la boca. Se fue tristemente en un hospital. Casi por la puerta trasera.

Me duele su muerte y me duele su modo de morir. Pero me duele, sobretodo, lo poco que al final ha recibido, lo poco que le hemos podido dar.

Jacobo era un viejo conocido de Arrels, aunque sólo hace cuatro meses que decidiera venir al Centre Obert. El equipo de calle había pasado con él muchas horas y le conocíamos desde hacía ya mucho tiempo.

Es una de esas situaciones en las que compruebas que tu sitio, tus objetivos, el objetivo de Arrels es el de acompañar, el de “estar” sin más pretensiones.

Seguramente en las estadísticas racionales de logros y fracasos, el caso de Jacobo sería muy poco rentable socialmente. Durante años, muchos años, hemos ido pasando por la plaza de Ibiza. Horas y horas “perdidas”, porque Jacobo nunca ha querido ni ducharse, ni pensión, ni comida… Solo al final, hace cuatro meses, que accedió a dormir en pensión.

Sí, me duele su muerte y su modo de morir. Me duele lo poco que ha recibido, cuando él había esperado tanto… Y, sobretodo, me quedo con su sonrisa, su eterna sonrisa, tapada con su dedo índice reclamando silencio.”