jueves, 17 de julio de 2008 13:16
Laura Pérez
Todos somos migrantes
Quito es una ciudad maravillosa. La luz del cielo tiene un tono cercano y vivo. Los autobuses te llevan al trabajo con música alegre y sus gentes, sencillas, sonríen más de lo común. Todos ellos, los conductores, los contables, los dependientes tienen familiares en Europa.
Esta semana, entre las luces de una espectacular plaza San Francisco, la secretaría de inmigración celebró una concentración de apoyo a los que marcharon y en contra de las políticas europeas que atacan a los inmigrantes.
Actuaron músicos ecuatorianos con voces de sentimiento y unieron su canto en el lema "Todos somos migrantes". El presidente de la República, Rafael Correa, refrescó la memoria a la Europa que hoy cierra sus puertas y aprovechó, de paso, para hacer campaña. Eran muchos los que aplaudían, los que bailaban y coreaban cantos. Eran muchos también los que ondeaban banderas al paso de niños limpiabotas y vendedores de golosinas. Entre Correa y esos menores, sucios y mal vestidos, estaba yo constatando las contradicciones que el mundo nos muestra y no todos quieren ver.
Entre la multitud, se había instalado un gran cartel que nos recordaba que todos somos migrantes (los españoles también lo hemos sido). En él, abuelas, niños, esposas y gente dispar del Ecuador escribieron mensajes de cariño y apoyo a sus hijos, padres y maridos que viven lejos de su familia. Entre lágrimas, mal escribían el nombre completo de su ser querido y los años que han pasado sin verse.
Me apenó la duda de una señora que se planteaba si llegaría a conocer a sus nietos y me alegró, por una vez, estar bajo su mismo cielo. Oscureció y las luces de la iglesia nos acompañaron en el paseo por el centro histórico.
Me dicen que ésta no es una ciudad segura. Me hablan de atracos, de violencia y de la pobreza que la genera. Hay muchas personas que duermen en las aceras y niños que trabajan en la calle. Me dicen que el gobierno intenta cambiar la situación y ayudar a los ecuatorianos a volver, a aquellos que serán forasteros allá donde vayan. Esas personas que han ayudado a sacar brillo al culo de Europa y, ahora, que ésta no pasa un buen momento, sólo ve manos que sobran y bocas que no interesa alimentar.
Se me eriza la piel mientras escribo estas líneas y creo que es responsabilidad de TODOS acabar con la pobreza.
Una frase para hoy: Por invisible / te desprecian / diamante perfecto.