jueves, 03 de julio de 2008 16:40
Laura Pérez
Haciendo la maleta
Lo cierto es que no tengo demasiadas pertenencias para hacer una maleta como Dios manda, de esas que cuesta cerrar y que pagan tasas por exceso en la puerta del avión. De hecho, ni siquiera tengo maleta. Pero a días para el despegue hacia Quito es lo que menos me ha preocupado.
La primera semana de julio cogeré el avión para aterrizar por un año en la capital de Ecuador. Es mi primera experiencia en cooperación y han sido muchas las cosas que he tenido que aprender para poder comenzar a hacerlo en el terreno. Porque aún no he comenzado a aprender, eso lo tengo claro.
Hace ya unos meses que mi acuciante curiosidad metió la nariz en un curso del Instituto de Estudios por la Paz. Es muy amplio el universo de la cooperación internacional, hay interminables entresijos y complicadas soluciones que no hacen más que perderse en el camino de las relaciones internacionales. Son grandes los teóricos y enormes los que se atreven con su trabajo a ponerlo en práctica. Estas personas han decidido invertir su tiempo y sus convicciones en ayudar a otros a poder decidir qué hacer con las suyas.
En muchas ocasiones, en los últimos dos meses, he escuchado: "¿A Ecuador? Si ellos se vienen para aquí, por algo será". "Ellos se vienen, y tú te vas a ir para allá". Incluso, he acabado encontrando un repertorio humorístico para contestar al siguiente que me apelara con lo mismo. Debo reconocer que he llevado muy dignamente, medallas aparte, que me tacharan de loca, extravagante y complicada. Ya sabía yo que eso de leer no traía nada bueno.
Lo que ellos no saben es lo afortunada que me siento de poder ir a trabajar, gracias a una beca COPCA, a la delegación en la que opera la Fundación Codespa. Desde allí, se coordinan diferentes trabajos con la población andina de Ecuador que promueven el desarrollo productivo de la zona y fortalecen sus instituciones. Lo confieso, me encantará ver trabajar a las diferentes oenegés locales que operan en el país, a favor de la riqueza cultural de Latinoamérica, de los proyectos de medicina natural, del turismo rural y de la mejora de la situación de la mujer.
Ellos no saben que tengo ganas de cerrar la maleta para poder aprender algo más del mundo en el que me levanto cada mañana, más allá de oficinas y televisores.
Vivo mis últimas horas con los nervios obvios y necesarios del momento. Pero los vivo convencida de que es lo mejor que puedo hacer.