jueves, 03 de julio de 2008 10:25
Jose García Barahona
El declive de Zimbabue
He estado en Zimbabue varias veces desde el año 2000. He podido ver la decadencia de un país magnífico, que no hace mucho era la segunda potencia del África subsaharina después de Suráfrica.
Siempre me llamaba la atención la cantidad de productos "made in Zimbabwe" que había. Mermeladas, leche, champú, salsa de tomate... infinidad de cosas que podías comprar en un supermercado estaban hechas en Zimbabue. En Mozambique, Malaui o Tanzania casi la totalidad de los productos, con alguna excepción, están hechos en Asia, Oriente Medio y, sobre todo, en Suráfrica.
La primera vez que fui en el año 2000 las tiendas y supermercados estaban llenos, Harare era una ciudad efervescente, los transportes funcionaban bastante mejor que en otros países de la región donde había estado. Otra cosa que me llamaba la atención de Zimbabue, viniendo de Mozambique, era el nivel académico tan alto de la gente. Se podían tener conversaciones muy interesantes con mucha gente culta y en cualquier bar o autobús te encontrabas con varias personas instruidas.
A partir de la segunda visita, en septiembre del 2002, las cosas fueron cambiando. Primero, fue el ambiente político convulso, luego las colas en las gasolineras, donde la gente se pasaba casi un día entero para poder poner combustible. La devaluación empezó a tomar carrerilla y la diferencia entre el cambio oficial y el cambio en la calle era abismal. La siguiente vez recuerdo que ya las colas en las gasolineras podían llegar a varios días.
Estuve al inicio del periodo de Navidad, cuando todo el mundo va a visitar a sus familias, horas y horas en la estación central de Harare esperando un autobús que no llegaba por falta de gasolina. Había un caos enorme, lleno de gente en andenes donde apenas había autobuses. Cuando finalmente aparecía uno, era una batalla para poder subir. Todo esto donde solo un año y medio antes todo funcionaba ordenadamente, la gente hacía cola para subir a los autobuses y si se llenaba no tardaba en aparecer otro. En Harare, a las 18.00, hora de acabar la jornada laboral, en las paradas de los autobuses urbanos se agolpaban decenas y decenas de personas esperando buses para volver a casa. Estuve una hora y media esperando uno al que tuve que subir a empujones. Me costaba imaginar como alguien tenía que pasar por eso todos los días para ir y volver a su trabajo.
Las siguientes veces que volvía, cada vez era todo más caótico. Recuerdo en el 2005 pagar un yogurt con un fajo de billetes. En 1995, un dólar americano eran 10 dólares de Zimbabwe, hoy un dólar americano equivale a 11.378 millones. Hace ya algunos años que los billetes solo se imprimen por un lado. Los precios cambian varias veces al día. La última vez que estuve fue el pasado mes de septiembre. La tasa de cambio ya era ridículamente alta. Cuando cambié un billete de 100 dólares americanos me trajeron el equivalente en dólares zimbabueses... ¡¡en una caja de zapatos llena de billetes con muchos ceros!!. Los autobuses interurbanos solo circulaban cuando había gasolina, por lo que la gente se tira días en la carretera a la espera de que pase uno. Los supermercados estaban vacíos y se hacía cola cuando llegaba un camión. Y algo muy preocupante: había miedo y la gente ya no daba su opinión sobre la situación sin antes mirar a los lados para ver quién le estaba oyendo.
Lo peor de todo es el desánimo de la gente. En estos últimos siete años, cada vez parecía que ya nada podía ir a peor... pero en la siguiente visita todo iba mucho peor. Cada vez parecía que se había tocado fondo, pero no, la caída continuaba y continua hoy en día. Ahora el riesgo no es ya la quiebra económica, que es un hecho, sino el inicio de conflicto civil provocado por Mugabe y sus allegados aferrados al poder, quienes han exigido a Oxfam y al resto de oenegés que paremos nuestros trabajos en el país hasta nueva orden. Seguiremos hablando de Zimbabue estas semanas, de por qué ha recibido tanta atención, de por qué tanta dureza (al menos aparente) con Mugabe y tanta complacencia y tanto mirar para otro lado con otros dictadores de su calaña.