Venta de chipasCubrir las necesidades alimenticias de 850 millones de personas victimas del hambre, o aumentar los ingresos de los 3.000 millones de seres humanos que disponen de menos dos euros al día, son desafíos inmensos, donde la expresión "sumar esfuerzos", adquiere todo su significado más allá de la tradicional retórica.

En la tarea por mejorar las condiciones de vida del alto porcentaje de población mundial que hoy vive en situación de pobreza es necesaria la participación de organismos internacionales, Estados, oenegés, sociedad civil y, por supuesto, el sector privado.

Precisamente ha sido en Paraguay donde he podido conocer un ejemplo de empresa, que cómo pocas, aúna el objetivo de crear riqueza, con el principio de Responsabilidad Social, un término muy de moda hoy en día, del que quizá no haya oído hablar la protagonista de este texto, pero del que sin duda podría dar cátedra sincera en alguna de las exclusivas escuelas de negocios tan en boga en países del Norte.

Doña María Ana aprendió pronto a sacar adelante a su familia haciendo círculos con masa de harina de maíz, almidón de mandioca, huevo, manteca y queso... Sus manos daban así forma a chipas, elemento sencillo y esencial de la cultura y gastronomía paraguayas, sin el cual no pueden entenderse los viajes por carretera en la tierra guaraní.

En una primera etapa, Doña María Ana solo contó con el apoyo de su hermana. Más tarde se sumaron cuatro ‘chiperas' para ayudarles con el trabajo. La plantilla fue incrementándose a medida que aumentaban las ventas a la vera de la Ruta número 2, a la altura del kilómetro 65. En la actualidad, ya son 28 las mujeres de las comunidades del entorno que han conseguido un trabajo estable en la ‘chipería' más famosa del país, y todas ellas con una circunstancia personal especial; son madres solteras.

Doña María Ana también pasó por esa situación y experimentó en carne propia las dificultades que entrañaba conseguir trabajo, al tiempo que asumir el cuidado de una familia. Estos problemas con los que conviven miles de mujeres en Paraguay, fueron una de las principales motivaciones de Doña María Ana a la hora de hacer crecer su empresa. Además de crear empleo con su iniciativa entre el colectivo de mujeres, la señora María Ana cuenta además con 54 ahijados, muchos de los cuales trabajan en el área de producción de su empresa como amasadores, moldeadores u horneros.

En el día a día de los miembros de esta empresa se fomenta la ayuda mutua en caso de enfermedad o problemas inesperados y en la compra de materia prima prevalecen dos criterios: la calidad, y siempre que sea posible, la producción de origen campesino.

Esta sencilla emprendedora, ha conseguido con su esfuerzo mejorar de forma sostenible la vida de decenas de familias, justo de aquellas familias que más lo necesitan, a las que a veces se destinan, sin suerte, tantos buenos propósitos de organismos internacionales, Estados, oenegés, sociedad civil... ¿Todavía alguien duda de que para tirar del carro hacen falta todos los bueyes?.

 

Por cierto, para quien llega desde fuera, el conocer bien un país solo es posible si se cuenta con la amistad de quienes están en él desde siempre. La historia de Doña Ana María la he conocido a través de Jorge Meza y Cristina Sánchez, a quienes agradezco enormemente su ayuda para hacernos descubrir a mi y a Acción contra el Hambre esta y otras ejemplares historias de compromiso social en Paraguay. Vaya desde aquí un abrazo para los dos!!