Hace unos meses, creo que a finales del año pasado, algunas voces empezaron a anunciar el inminente retorno del grueso de iraquís refugiados en Siria a Irak. Paralelamente, se producía un refuerzo importante en el contingente militar estadounidense y un cese de actividad relevante por parte de las milicias de Moqtada al-Sadr. En aquel momento los retornos se produjeron no por el alcance de la estabilidad definitiva y la calma en Irak, sino debido a la vuelta de algunos iraquís cuya extrema precariedad les impedía asentarse en Siria al tiempo que aceptaban una pequeña retribución económica por intentar volver a sus casas sin verdaderas garantías, como de hecho se ha podido comprobar.

Hemos podido percatarnos de que el masivo éxodo iraquí provocado por la guerra ilegal lanzada por EEUU se consolida y amenaza con convertirse en una situación fija e indefinida. Ahora mismo, ni la salida de las tropas estadounidenses aseguraría el retorno a una cierta normalidad, pues la maquinaria infernal de la guerra criminal incontrolada ya está desatada y bajo el peso de su propia inercia tardará en detenerse. Los refugiados iraquíes se enfrentan a lo que parece ser un largo período de exilio.

Desde nuestra organización, pequeños e impotentes como somos, un punto, una nariz roja en el infinito, e incapaces de proponer grandes soluciones políticas al estilo de los grandes jefes. Humildes de a pie o de a nariz, como somos una organización de payasos, no podemos más que volver a recordar a quien nos lea de vez en cuando que eso es lo que sigue pasando: centenares de miles de personas siguen desarraigados y, aunque sabemos que no es el único problema que castiga injustamente a la población civil y a la infancia en este planeta, no podemos evitar hablar desde allí donde el sufrimiento de la gente nos es afecta de forma más directa.

Y yo ahora mismo arrojaría mi teclado a la basura sino fuera porque como miembro de la especie humana, aún puedo intentar hacer algo a favor de los niños y niñas que padecen el sufrimiento generado por personas adultas y "respetables". No sólo la minucia de poder escribir estas líneas de recordatorio, sino algo a su vez tan pequeño y simple como participar en la iniciativa de unas payasas que les puedan ofrecer risas y diversión. Una diversión exenta de razonamientos sofisticados, tan sólo risa a causa de unas payasas que han hecho, una vez más, algo descerebrado, algo muy descerebrado, aunque no de esa clase de descerebramientos como los que hacen los jefes del planeta. No de esa clase de actos imbéciles que destruyen totalmente un país entero, por ejemplo. Tan sólo tonterías que hacen reír a los niños y niñas. Cosas más maravillosas y espléndidas en comparación con derrocar a un gobierno o lanzar "bombas inteligentes" contra gente indefensa por ejemplo, cosas infinitamente sensacionales que nunca se olvidan y que son quizá el último recurso al que puede agarrarse la esperanza cuando está a punto de claudicar ante una realidad espantosa.

Es cierto que no somos capaces de entender demasiado bien por qué se complican las cosas y menos cómo se descomplican, al tiempo que tampoco no nos parece útil buscar culpables y subrayarlos ya que se trata de un deporte aburrido, poco gratificante y poco original, y uno acaba desanimado viendo la cantidad de culpables que podemos llegar a juntarnos si somos un poco minuciosos. En realidad, cualquier persona honesta con un poco de interés es capaz por si sola de saber el origen de cada cosa mal hecha intencionadamente.

Pero hay algo positivo. Sabemos lo que cuesta que ría un niño triste y lo importante que es que lo haga lo antes posible. Muchos nos agarramos a la risa y admiramos a los payasos y payasas (que saben mejor que nadie de que va esto) porque consiguen poner en marcha el sueño con su espíritu poético. Porque no se si lo sabíais pero ser payaso no es interpretar, ni es una técnica como la soldadura eléctrica que en 120 horas se puede dominar satisfactoriamente. En realidad es una manera de ser, es algo maravilloso que ellos y ellas construyen dentro de si mismos y nos ofrecen sin más. 

Vuelvo a ser feliz cuando sé que un equipo sensacional de tres payasas marcha hacia Oriente Próximo para hacer reír a niños y a niñas nuevamente, y ésta vez desde la payasa, un gran experimento que no tiene porque dar mejores resultados que los que da el trabajo del payaso, pero que sí tiene un valor especial y es el de que dará resultados distintos, lo cual siempre nos enriquecerá más a todos. Cristina vuelve, Maikka y Mireia van por primera vez, y las expectativas son tremendas. La comicidad femenina cabalga de nuevo.