La cumbre de la FAO de la semana pasada en Roma sobre precios de los alimentos y cambio climático fue unánimemente calificada de fracaso por los medios de comunicación. En Intermón Oxfam lamentamos también que no se tomaran decisiones de mayor calado, pero valoramos por otro lado que se diera un primer paso hacia la solución a la crisis. Un primer paso que, es cierto, no lleva muy lejos, pero que pone la maquinaria en movimiento.

De entrada, la comunidad internacional reconoció por primera vez en público y a una sola voz que existe el problema y lo colocó entre sus prioridades de agenda hasta el punto de que acudieron a Roma no sólo los representantes de las instituciones multilaterales sino también líderes políticos mundiales, quienes reconocieron la extrema importancia de la ayuda oficial al desarrollo para agricultura. Extraordinaria noticia, si tenemos en cuenta que el primer mundo ha ido disminuyendo el capítulo agrícola de la ayuda desde hace 25 años de manera sostenida. Hay que celebrar también que varios países, entre ellos España, se decidieran a donar millones de euros para paliar la emergencia más inmediata. Todo esto son buenas noticias pero hay que ir mucho más lejos.

Los países ricos no pueden seguir poniendo parches al problema, no pueden seguir donando dinero a los países del Sur con una mano mientras con la otra se lo van quitando. Es decir, ya va siendo hora de que la UE y los EEUU revisen sus políticas agrarias y comerciales, que hoy por hoy inundan los mercados de África y Ámerica Latina con productos agrícolas subvencionados, lo que no permite a los productores locales competir en su propio mercado. Ya va siendo hora también de que España haga oír su voz contra la política europea que impone el objetivo de un 10% de consumo de biocombustibles para toda la UE dentro de unos años. La cumbre de la FAO reconoció en su comunicado final que los biocombustibles significan "oportunidades y retos" y se limita a recomendar más investigación sobre su impacto en los países en desarrollo; más bien parece una táctica dilatoria que no va a evitar que millones de personas en los países pobres sufran su efecto devastador. De hecho, las estimaciones más recientes atribuyen el 30% del alza global de los precios de los alimentos a la demanda de biocombustibles en los países del Norte.

Vivimos unos tiempos de crisis. A nadie se le escapa. Sin embargo, pocos son conscientes de la magnitud de la tragedia en los países pobres, donde la subida de precios significa cultivar la mitad de la tierra porque no hay dinero para semillas y pasar de tres comidas diarias a una. En Intermón Oxfam esperamos que la próxima reunión del G-8 en Japón no frustre las expectativas del mundo y sirva para avanzar más decididamente hacia la solución. El mundo ya no puede esperar.