El 15 de abril de este año, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés) en su conferencia regional anual en Brasilia, destapó todas las alarmas de emergencia: "el alza de los alimentos impacta fuertemente en América Latina y Caribe". Esto va a provocar que el número de personas subnutridas aumente en los próximos meses, en lugar de reducirse, tal y como está previsto en los objetivos del milenio.
Al estudiar las causas que explican esta subida de precios, nos encontramos que todos los analistas coinciden en tres motivos: el incremento de la demanda de países de economías emergentes, como son China e India; las consecuencias del cambio climático y las sequías actuales; y, finalmente, el incremento de la producción de biocombustibles.
No sé si a ustedes estas tres explicaciones les permite entender la raíz del problema, pero a mí no. Considero que por algún motivo especial, se han olvidado de la causa que mejor explica la situación actual en los países centroamericanos entre otros. Esta crisis es el resultado de muchos años de políticas nacionales e internacionales destructivas que debilitaron, hasta casi su práctica eliminación, las producciones de alimentos en los países, obligando al campesinado local a producir cultivos comerciales para compañías multinacionales y sus mercados en Estados Unidos y Europa.
Organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio forzaron en las décadas de los 80 y 90 a disminuir las inversiones nacionales en los apoyos al campesinado y los pequeños agricultores, a cambio de poder acceder a créditos para otros intereses. A nivel mundial, la cooperación al desarrollo recibida por los países en vía de desarrollo, ascendió de 20 a 100 millones de dólares en los últimos 30 años. Sin embargo, la aportación a la agricultura descendió de 17 a 3 billones de dólares en el mismo periodo de tiempo, y esto sin analizar detalladamente dónde se destinaron estos recursos. Dicho de otra manera, las políticas internacionales, han obligado a los países centroamericanos, entre otros, a "liberalizar" sus mercados agrícolas: han reducido las tasas a la importación (¡lo cual fue una pérdida importante de ingresos para los países importadores!) y han aceptado importaciones de al menos el 5% de su consumo interno, incluso sin necesitarlas. Al mismo tiempo, las multinacionales han seguido haciendo 'dumping' con los excedentes en sus mercados, utilizando todas las formas de subsidios directos e indirectos a la exportación.
Es por eso que nos encontramos con países que año tras año siguen perdiendo la capacidad de producir los alimentos básicos de su dieta (maíz, trigo, arroz y frijol) y, progresivamente, van incrementando las importaciones de países terceros, como Estados Unidos y algunos de Europa, que al tener subsidios agrícolas, les permite tener unos precios de mercado más económicos que los locales, aunque no sean éticamente comparables. En dos palabras, países dependientes de la voluntad de naciones terceras.