EscuelaGaza huele a falafel: la gente utiliza el aceite de freir como carburante para sus coches. Los burros tienen escrito en sus traseras la palabra "taxi". De pronto, es como si hubiéramos regresado a la edad de piedra. Son algunos de los "ingenios" con los  que habitantes de Gaza están haciendo frente al incremento de restricciones en el suministro de gasolina impuestas por el Gobierno Israelí.

Me perdí la boda de mi sobrina; no encontré ningún burro que pudiera llevarme ahí lo suficientemente rápido para no perderme la ceremonia. Me sentí tan decepcionado de perderme esta ocasión tan especial, tan importante para ella.

La carencia de gasolina y electricidad me han forzado a empezar a recoger basura de las calles. La uso para cocinar la comida. Intento evitar los plásticos porque el humo que sacan es peligroso y huelen fatal! Ya estamos comprando comida que sea de rápida cocción, porque sino, necesitamos quemar demasiada basura. Normalmente las calles en Gaza están limpias, pero ahora, como los basureros no tienen gasolina para hacer funcionar sus camiones, en cualquier esquina encuentras desperdicios que te pueden servir para el fuego.

Durante estos últimos cinco días, sólo hemos comido arroz, pues necesita poco tiempo de cocción. No sirve de sustituto al pan, que usualmente es lo que acompaña todas nuestras comidas. Las panaderías están cerradas, sin harina, trigo u hornos de gas, los panaderos no tienen otra opción que bajar las rejas.  

Ha habido constantes incursiones en Gaza, han lanzado cohetes y los helicópteros sobrevuelan amenazadoramente la zona. Las últimas víctimas de la violencia han sido cuatro niños y su madre. Estaban desayunando en su casa cuando los mataron, lo que me hace pensar ¿qué ha hecho esta madre, que han hecho estos niños para ser víctimas de esta violencia? Sin dudarlo, cualquier niño, cualquier persona merece vivir en paz.

El gobierno israelí pidió disculpas por esta matanza, pero ¿de qué te sirven esas palabras si eres el marido o el padre que ha perdido a toda su familia?

Mis hijos están estudiando para sus exámenes, que tendrán lugar dentro de unas semanas. Quieren pasarlos bien y yo me he tomado unos días para ayudarles a prepararlos. El otro día, les riñeron por no haber hecho todos sus deberes. Fue raro, pero su maestro me llamó para preguntarme si todo iba bien.

Le expliqué que han tenido que limitar el tiempo de estudio, pues, cuando cae la noche, ya no tienen luz. No hay electricidad, no tenemos velas, ni gas para nuestra lámpara. A ratos quemo cartones que encuentro en la calle, para que tengan un poco de luz, pero eso no dura nada. Para moverme por la casa, utilizo la luz de mi teléfono móvil (lo puedo cargar en la oficina cada mañana). Una madrugada, mi hijo se despertó porque quería agua. Con el móvil en la mano, fui a buscársela, pero moviéndome casi a oscuras, tropecé y se me cayó el vaso al suelo. Se rompió en pedazos.

En uno de mis días libres, fuimos al Ministerio del Interior para pedir un pasaporte para mi hija pequeña. A pesar del bloqueo, algunas personas han conseguido salir para recibir tratamientos médicos, aunque a muchos se los han denegado. Pero al menos, con un pasaporte tienes la posibilidad de salir. Si nuestra hija enfermara y necesitara algún tratamiento especializado no disponible en Gaza, podría acabar en una situación grave o incluso llegar a morir.

Pagamos las tasas y le hicieron las fotos. Pero cuando fuimos a entregar la solicitud, no nos la aceptaron. ¿Por qué? ¡No hay más papel, ni para los pasaportes!