De la lepra a la vidaDevolverlos a la vida. Eso es lo que están haciendo el doctor Ganpati y sus colegas en la organización Bombay Leprosy Project desde hace más de veinte años. Trabajan en la ciudad de Bombay, cuyos leprosos aún son colocados en leproserías (zonas que son ocupadas mayoritariamente por personas que han contraído esta enfermedad), estigmatizados por la sociedad y relegados a trabajar de mendigos, sin otra posibilidad de vida. Bombay Leprosy Project es una contraparte local de Sonrisas de Bombay, que financia el 40% de la clínica que tienen en Sion, al sur de Bombay,  y les da apoyo logístico, como por ejemplo la compra de un coche para llegar a las zonas rurales donde se han encontrado desde el mes de junio más de 200 casos de lepra.

 

 "A veces se gastan todo el dinero en dermatólogos porque se niegan a aceptar que tienen lepra", afirma el doctor Khanvilakar. "Para ellos, es una enfermedad maldita, a pesar de que más del 60% de los leprosos del mundo se hallan en India. Nuestro trabajo es informar y actuar junto al paciente antes de que sea demasiado tarde".

La lepra es una enfermedad bacteriana y crónica pero tiene cura si se diagnostica a tiempo, si no se pierde sensibilidad en las partes del cuerpo y ni la carne ni  la piel empiezan a desaparecer.

Gracias al empuje económico que Bombay Leprosy Project ha recibido en los últimos meses, han podido abrir una pequeña clínica en una leprosería de Borivali, un barrio del norte de Bombay. Así, los pacientes que viven en el norte pueden acudir aquí y los que viven en el sur de la ciudad tienen la opción de ir al hospital de la zona de Sion. El doctor Khanvilakar y varios enfermeros acuden los martes y los viernes, de nueve de la mañana  a tres y media de la tarde a Boravili. "Este proyecto sólo hace dos meses que funciona y ya tenemos una media de más de 100 pacientes, es un buen número", afirma el doctor. Pues sí, es un buen número.

En esta ciudad, viajar de un lado para otro es complicado y si padeces de lepra y tienes dificultad de movimientos aún es mucho peor. Además, antes de abrir la leprosería de Borivali hubo que hacer una campaña de concienciación e información para que la gente supiera allí podían tratarse, recibir su medicina gratis y hacerse curas dos veces a la semana.

Con el tratamiento se les devuelve la vida. Uno de los enfermeros, le llamaremos Prakash, es un exleproso. "Hace décadas estuvo en una leprosería de Puna (ciudad al sur de Bombay) y, de vez en cuando, Prakash nos cuenta horrorizado los métodos que utilizaban para tratar esta enfermedad", cuenta el doctor Khanvilakar. Ahora sólo es necesario un buen médico, pastillas y controlar la enfermedad a base de biopsias. Prakash tiene una familia y un sueldo, es enfermero. A pesar de no tener enteros todos los dedos de la mano, todo el mundo alaba sus curas. Él más que nadie sabe cómo hacerlo.

Otro caso es el de un conductor de autorickshaw al que llamaremos Ajay. Las pruebas que se hizo en el hospital de Sion dieron positivo: es leproso, pero la enfermedad no está desarrollada. Ahora Ajay sigue el tratamiento en la clínica del norte, ya que vive en un pueblo fuera del área metropolitana de Bombay y tarda mucho menos en llegar aquí. Ajay se preocupa por su mujer, pregunta si la puede traer para hacerse las pruebas, sabe que la lepra no es altamente contagiosa pero acaban de casarse y le gustaría estar seguro. El doctor Khanvilakar le contesta que sí, por supuesto que sí, para eso estamos. Lo único que le pide es no buscar hijos todavía: "Es increíble todos los aspectos que presenta la lepra, no es seguro al cien por cien el contagio a través del semen, por eso preferimos no arriesgarnos". Ajay afirma con la cabeza, avergonzado ante una explicación tan explícita, y se marcha con sus pastillas. "Es un enfermo modelo", explica el doctor, "ya que desde que enfermó ha ido informando a la gente de su pueblo sobre la lepra, insistiéndoles en que se hagan las pruebas. Ya ha traído a dos personas y estamos esperando los resultados".

Con la atención también se les devuelve la sonrisa. Es el caso de Pooja, la llamaremos Pooja. No todos los tipos de lepra son contagiosos, ni todas las personas pueden contagiarse, pero el contagio existe. Pooja tiene 12 años y su mamá es leprosa en tratamiento. Al principio, la madre de Pooja no se lo podía creer, ¡había contagiado a su propia hija! El doctor les explicó que tenían razón, la lepra no es siempre contagiosa, pero habían tenido la mala fortuna de que Pooja se había contagiado "en otra parte", y añadió: "Tenéis la buena suerte de que nos habéis encontrado al lado de vuestra casa, con las pruebas a vuestro servicio, las medicinas necesarias y las ganas de erradicar la lepra de toda India". Y ahí sí, ahí Pooja y su madre tuvieron que sonreír.