FeministasYa pasó marzo y yo no quería acabar el mes sin escribir algo en referencia al Día Internacional de las Mujeres, el 8 de Marzo. Así que aunque tarde....allá voy.

Aprovechando que estábamos en la capital con compañeras y compañeros de Veterinarios Sin Fronteras de Barcelona, Honduras y Guatemala, nos fuimos a la manifestación del 8 de Marzo que recorría la 6ª Avenida desde la zona 4 hasta la 1.

Debíamos ser entre unas 1.000 y 2.000 personas, no sé, no se me da bien lo de calcular números en las ‘manis'. La mayoría eran mujeres y la mayoría indígenas. Una de ellas, con una amplia sonrisa, nos entregó un panfleto que decía: ‘Movimiento de mujeres...Yo también (soy parte de él)'. Y, en ese momento, traté de imaginar cuál habrá sido la fuerza necesaria de estas mujeres que caminaban a nuestro lado para llegar a estar allí, gritando orgullosas consignas con la voz en alto.

Y lo comparé con la vergüenza que nos da aún a alguna de nosotras (europeas de clase media con educación  universitaria) de proclamarnos feministas en público con la misma voz en alto. Y me dio risa comparar ambas luchas, por lo desiguales.

Y es que aquí la historia de la mayoría de mujeres guatemaltecas campesinas indígenas es muy similar y se resumiría en unas pocas líneas: "El día que yo nací, a la comadrona que atendió a mi madre le dieron 20 quetzales menos que si hubiera nacido varón. Así es la costumbre. Tampoco mataron un chompipe para hacer un buen caldo, no había mucho que celebrar. Sólo fui a la escuela 2 años (de los 7 a los 9), lo justo para que aprendiera a garabatear mi nombre. De ahí me sacaron para que ayudara a mi familia en las tareas de la casa y del campo, éramos 9 hermanos. A los 14 años, mi padre acordó casarme con un joven de una aldea vecina al que no conocía. Nos casamos en un mes. Mi dote fue una caja de coca-colas para el día de la boda. Como mujer, me tuve que ir a vivir a la casa de mis suegros, a una aldea donde casi no conocía a nadie. Mi joven esposo no tenía dinero aún como para construir casa propia, así que decidió irse a los EEUU de "mojado", dejándome sola con dos hijos recién nacidos para alimentar. Con dieciocho años ya tenía bastante experiencia para saber lo que es ser mujer, indígena y campesina. Triple discriminación".

Y recordando historias así, muy comunes, es que volvía a mirar a esas mujeres de la manifestación gritando, y me volvía a dar la risa. Y me daban ganas de abrazarlas una a una, y de felicitarlas por todos los esfuerzos que han debido hacer para estar allá este día.  ¡¡¡Ellas si son feministas !!!