jueves, 24 de julio de 2008 14:57
Sergi López-Egea
Tras los pasos de Sastre en Alpe d'Huez
Todavía impresionado por la victoria y la exhibición de Carlos Sastre en Alpe d’Huez esta mañana no me he podido privar de la tentación de ascender en bici la montaña que coronó el ciclista abulense, justo el día después de la gesta, con las pintadas en el suelo, con las 21 curvas numeradas de más a menos y aún con un considerable número de caravanas aparcadas y con sus ocupantes, a las 7 de la mañana, con un frío casi invernal, durmiendo a pierna suerte después de vivir una intensa jornada de ciclismo.
A las 6.30 de la mañana me he puesto ya en guardia y abrigado hasta donde he podido, protegiéndome el pecho con las bolsas para el lavado que hay en las habitaciones de la mayoría de hoteles, he comenzado el descenso hasta Bourg d’Oisans, justo donde un letrero comunica a los cicloturistas que se encuentran debajo del kilómetro cero de la subida.
Allí ya era cuestión de destaparse porque antes de que finalice el primer kilómetro y se llegue a la curva 21 con los nombres de Fausto Coppi y Lance Armstrong aparece la rampa tal vez más dura de toda la subida. Allí fue donde atacó Sastre. Allí era también donde le gustaba acelerar el ritmo al tejano.
Durante la subida ha aparecido el sol, que ha apaciguado el frío que, también es cierto, desaparecía poco a poco conforme el cuerpo sudaba por el esfuerzo. He comprobado que la parte media de la subida, entre las curvas 17 (que espera este invierno a Sastre para descubrir la inscripción con su nombre) y 8, es tal vez la más suave, ya que a partir de allí y hasta la última curva, la número 1, la subida se vuelve a calentar con algunas rampas de cierta consideración.
Al final, ya en la estación de esquí, entre apartamentos y hoteles, se tranquiliza el ascenso y hasta es posible, justo donde está la rotonda que en forma de curva conduce a la meta, colocar el plato grande, para coronar Alpe d’Huez tras 1 hora y 11 minutos de esfuerzo.
Aún había algunas banderas colgadas de árboles o arrimadas a la valla de protección. Daba tiempo, de vez en cuando, en fijarse en las pintadas de la carretera. He visto bastante pintura de ánimo a Sastre y también a Pereiro, retándolo para el próximo Tour.
He vivido la experiencia mucho antes de que los corredores se desplazasen a la salida. La ceremonia ha comenzado a las 11 de la mañana, en Bourg d’Oisans y desde allí el pelotón se dirige a Saint-Etienne con Sastre vestido de amarillo y paseando la prenda por un territorio escarpado.
París cada vez está más cerca. El sábado nos espera la contrarreloj. ¿Será o no será capaz de aguantar el amarillo? Abro el debate en el blog. Yo apuesto que sí. Siempre me gusta ser optimista.