Huele a lavanda la sala de prensa de Dignes les Bains. ¿Será que empieza a cambiar el aroma del Tour? Será será... Ruedan los corredores a ritmo de vértigo por territorio escarpado, antesala de los Alpes. Corre fugado José Iván Gutiérrez, que no anduvo todo lo fino que él pretendía en los Pirineos. Hace calor, calor de verdad, no el engaño otoñal que padecimos en Bretaña o el frío invernal de la cumbre de Hautacam.

Huele a lavanda en la sala de prensa. Comienzan a escucharse las bocinas de los vehículos de la caravana publicitaria. La meta está a un centenar de metros. Hacia allí me dirigiré cuando acabe de escribir estas líneas.

Me impresionó anoche Nimes donde durmió el Tour. Hacia cinco años que no pasaba por la ciudad provenzal. En aquella ocasión, recuerdo, estaba toda levantada, toda de obras y, ciertamente, la han dejado de ensueño, un lugar ideal para pasar un par de días de vacaciones.

Tiene Nimes un aire taurino. A mí, la verdad, no me apasiona mucho el mundo de los toros, pero, sin embargo, llama la atención el cariño especial que esta ciudad francesa siente por las corridas. Hay estatuas de bravos por todas partes, en cualquier bar o restaurante hay un reclamo taurino y Las Arenas, un pequeño coliseo romano, destaca y es el símbolo de la ciudad.

Y hablando de toros, quizás el matador más aficionado al ciclismo es José Tomás. Tenía previsto acercarse a los Alpes para seguir una de las etapas de montaña en el coche de Eusebio Unzué. Hace años hicieron amistad a través del desaparecido Chava Jiménez. Tomás ha tenido que cancelar el viaje a Francia puesto que debe preparar una corrida en Santander. Tomás, en 1998, buscó un hueco en sus compromisos y se montó en el vehículo auxiliar de Unzué. Ocurrió en la etapa que finalizó en Les 2 Alpes y vivió en vivo y directo el único espectáculo digno de ser recordado en la lamentable ronda francesa de hace 10 años que levantó las alfombras del dopaje.

El Chava atacó un poco antes de que lo hiciera Pantani; vidas pararelas, lamentablemente, dentro y fuera de la carretera, vidas que terminaron de forma parecida, en la plenitud de la vida; millonarios de cuenta corriente e incomprendidos  en sus sentimientos. José Tomás observó como el obús de Pantani superaba a Jiménez y se dirigía a un ritmo endemoniado hacia la meta, hacia el jersey amarillo.

Vino a Pau, en la jornada de descanso, José Miguel Echávarri, retirado ya del primer plano ciclista. Visitó la ronda francesa y también lo hizo con aires de espada y muleta. Se trajo en el maletero cazerolas que solo se tuvieron que calentar en el hotel de reposo del Caisse d'Epargne. Y en su interior rabo de toro, rabo vacuno de la ganadería de Domecq, toreado y sacrificado en los Sanfermines.

Huele a lavanda en la sala de prensa. Seguro... seguro que es una buena señal.