Luce el sol en el Tour, que ya es mucho. Luce sin ninguna nube y hasta con riesgo de insolación ni no se toma la prudente protección. Ruedan por la autopista del Mediterráneo, a su paso por Provenza, turistas de varias nacionalidades, en busca de unos días de descanso y sosiego junto al mar. Hace tanto calor que se ha quemado uno de los camiones de la caravana publicitaria. Tan intenso ha sido el fuego que han tenido que intervenir 20 dotaciones de bomberos.

El Tour circula hoy por un paraje rompepiernas, mientras ya están en casa los ciclistas del Saunier Duval. Riccardo Riccò declara esta tarde ante el fiscal de Foix, justo después de haber sido despedido por la dirección de su escuadra, junto a Leonardo Piepoli --¡qué miedo su control antidopaje en Hautacam!--. En el Tour hoy no llueve, aunque seguro que si lo hiciera lo haría sobre mojado. El corazón sigue en vilo. Se acercan los Alpes, dureza extrema, avanza la prueba y lo hace sin misericordía ni perdón hacia los tramposos. Decía un director esta mañana en la salida de Nimes, que los controles antidopaje han permitido estirpar los tumores del pelotón. Añadía que había sido una operación sin complicaciones porque no hay metástasis en el grupo.

Avanza el Tour, aunque siguen viéndose caras malhumoradas. El público continúa respondiendo en las cunetas. Soporta el tremendo calor. En lo deportivo se cubren un par de etapas anodinas, la de ayer y la de hoy. El aburrimiento en carrera hace que se disparen todavía más los rumores, mal negocio cuando las aguas andan revueltas.

Avanza el Tour con unos cuantos menos. El Saunier Duval, el equipo cántabro que entusiasmó en los Pirineos, figura ahora señalado por los dedos acusadores. Su futuro es incierto. Mal negocio para el patrocinador cuando aparece un positivo sonado en su equipo. Ellos quieren vender calderas y aires acondicionados a base del sudor de sus corredores. Un positivo daña la imagen. No es el primer equipo que amenaza o hasta cierra las puertas. Algunos no escarmientan. ¿Cuándo abrirán los ojos?