Veo casacas naranjas por todas partes y por la carretera adelanto a decenas y decenas de cicloturistas que tratan de aguantar lo más dignamente posible los repechos. Por la autopista, camino de Bagnères de Bigorre, me he parado unos instantes en el área de descanso del Pic du Midi. Es un alto obligado porque allí está el colosal monumento dedicado al Tour de Francia, que cautiva a todos los automovilistas interesados en este deporte y esta carrera. Serpentea un bloque de acero por el que ascienden unos ciclistas metálicos, el que anda más arriba levanta los brazos tintado de amarillo. Estoy ya en los Pirineos. No hay duda.

Francia, lo he dicho un montón de veces, ama y respeta su carrera más allá de que ciclistas locales destaquen en la grande boucle. El año pasado, sin ir más lejos, la Vuelta recibió un montón de críticas, bajó la audiencia de televisión y hasta algunos catalogaron la edición como un desastre.

Nadie puede negar que la organización de la carrera española no acertó a la hora de diseñar la parte media de la carrera con una segunda semana que fue muy aburrida. Pero, yo me pregunto: si en vez de dominar Menchov la carrera de principio a fin, un corredor local hubiese estado al frente de la general, ¿qué habría pasado?

Seguramente son diferencia de caracteres y de formas de ver la carrera. Los franceses son gente paciente, capaces de permanecer horas y horas apostados en una cuneta esperando el paso del pelotón, que en las zonas llanas apenas dura unos segundos. Y no se cansan nunca de levantar las manos y saludar a todos los coches acreditados de la prueba que preceden el paso de los corredores.

El Tour se toma como una fiesta, casi siempre en familia, padres, abuelos e hijos, aunque con una norma que predomina desde hace años. Es muy fácil identificar a público mayor de 40 años y a aficionados menores de 20. La franja de edad entre los 20 y los 40, a excepción de las etapas de montaña, acostumbra a ser mucho más restringida a la hora de seguir la prueba desde la carretera.

Hoy, me encuentro ya en los parajes pirenaicos. Ya me han llamado al móvil algunos amigos que se han desplazado hasta aquí para animar a los corredores. En breve, comienza la ascensión al Peyresourde. Espero que nos divirtamos todos.