ValverdeEs fantástico quedar el primero en tu categoría. Te sientes el mejor… inmensamente feliz. Llamas a los amigos y les cuentas tu éxito. Y los amigos notan la emoción en tu voz. No lo puedes esconder… expulsas alegría, el tono de tus palabras denotan el estado de tus sentimientos. Seguro, además, que todas las personas que te aprecian sienten como suyo el éxito que acabas de conseguir.

Casi da igual que quedes el tercero de la clasificación, como si hubieras acabado el 100, da igual, el objetivo se ha cumplido y es entonces cuando ya se mira con mayor optimismo hacia el reto estival, aquel en el que llevas meses y meses pensando; sin temor a las montañas, convencido a tí mismo que lo podrás lograr. Seguro que sí.

Trataba yo el domingo de ponerme en contacto con Alejandro Valverde. No hacía mucho que había finalizado la contrarreloj inaugural del Dauphiné Libéré. Primero en su categoría, tercero en la etapa, aunque el primer apunte (primero en la categoría) le resultó mucho más importante y por eso al hablar con él por teléfono se le notaba tan feliz. Se trataba de demostrar al resto de aspirantes al Tour quién era el más fuerte en la guerra psicológica que siempre supone un prólogo cronometrado de pocos segundos. Allí, aunque solo sea por unas escasas milésimas, siempre conviene quedar por delante del rival. Esa fue la práctica de Miguel Induráin y Lance Armstrong en sus años de dominio en la ronda francesa que espera el próximo mes a Valverde como uno de los candidatos a pelear por un jersey amarillo que, por ahora, cuelga de una percha sin un propietario claro.

El domingo, en Aviñón, se trataba de terminar por delante de Cadel Evans, aunque solo fuera por esos siete segundos de oro que el murciano arañó al australiano, el corredor que muchos quinielistas sitúan ya en lo más alto del podio de los Campos Elíseos de París. Había pactado con Valverde que lo llamaría tras finalizar la etapa, ya que quería que me hablara de Rafael Nadal y su cuarta victoria consecutiva en Roland Garros. Me explicaron entonces lo feliz y lo seguro de sí mismo que se sentía porque, aunque él no lo diga en público, se ha apuntado al Dauphiné Libéré con alguna pretensión más que la victoria de etapa que dice que tanto le ilusiona conseguir.

No hace mucho pronostiqué, en el ecuador del Giro, que Alberto Contador ganaría la ronda italiana. Tuve la inmensa suerte de acertar. Pues bien, ahora me atrevo a decir, con el riesgo que ello supone, que Valverde ganará el Dauphiné Libéré, lo que sería magnífico no solo para él, sino para el ciclismo de este país, una vez consumado el triunfo de Contador en Italia. Por todas estas razones el haber sido el primero en su categoría le llenaba de orgullo. Y encima hoy ha ganado la etapa al esprint, sí, al esprint. Por el bien del ciclismo. Que la fiesta no pare.