lunes, 28 de abril de 2008 17:03
Sergi López-Egea
Los niños de la Titan Desert
Domingo, 27 de abril
El paso de la caravana de la prueba de bicicleta de montaña alegra el día a los pequeños de la región del Atlas
Los domingos en el Atlas deben de ser muy aburridos. Pequeños pueblos solo comunicados por pistas horrorosas, llenas de piedras, de baches. Son minúsculas aldeas con casas de adobe en las que solo se ven niños correteando, muchos niños. En las casas no faltan las antenas parabólicas, los partidos de fútbol desde la Europa de la esperanza
Hoy ha sido un domingo diferente, casi un domingo de fiesta mayor. ¡Bicicletas! Unos locos vestidos con camisetas cortas, con pantalones ceñidos, con un casco sobre la cabeza y una mochila a la espalda. Unos locos que han pasado por sus aldeas a todo ritmo, salpicándolos de polvo. A uno de ellos, Roberto Heras, el ganador del día, apenas lo han visto de lo rápido que iba. Pero estos niños han tenido hoy un motivo distinto, una diversión inesperada, una mañana feliz. Hoy los ha visitado la Titan Desert, en la más cruel de las etapas diseñadas hasta ahora en la cuarta vida de la ronda marroquí de las bicis de montaña y aventura.
Los niños salían y estiraban las manos. Hablaban en un francés casi de turistas y mostraban, sobre todo, las camisetas del Barça, casi siempre con el 9 a la espalda en honor de Etoo. Estos niños emocionaban al participante, cruzabas la aldea y un montón de chavales comenzaban a correr al lado de tu bici. Y te sentías casi ascendiendo un puerto del Tour, rodeado de espectadores. Te pedían cosas y cuando ya faltaban pocos kilómetros para la meta, cuando ya sabías que no ibas a necesitar ninguna barrita energética más, tomabas la decisión de regalarlas. Y estos niños se sentían felices.
Etapa muy dura
Eran instantes maravillosos, casi para relajarte, para que no notaras las piernas agarrotadas y el dolor en el trasero de impactos y más impactos con las piedras, los baches y la caída de turno. Qué etapa. Dios mío. Subidas a 2.300 metros con paisajes de ensueño. Algunos, los más sensatos, que también los hay, se detenían y sacaban las cámaras digitales. Otros preferían eludir el turismo y lanzarse a todo ritmo por un descenso de más de 20 kilómetros donde las caídas han estado a la orden de día.
Andrés Jiménez, por ejemplo, llegó a la Titan con una pequeña fractura en la mano. El jueves pasado los especialistas del departamento de traumatología y rehabilitación del Vall d'Hebron le fabricaron una férula especial. Perfecta --sí, perfecta-- para protegerlo de las inclemencias del recorrido. Pero si te caes, como le ha ocurrido, y te golpeas la misma mano, solo te cabe pensar que el drama acecha.
Luis Enrique se tuvo que quedar en casa. El miércoles pasado, entrenando, salió disparado por encima del manillar. Brazo roto, adiós a la aventura. Adios a la Titán..
Mañana habrá más niños y afortunadamente menos subida y kilometraje. Mañana será otro día. Mejor no pensar ahora.