jueves, 26 de julio de 2007 19:13
Sergi López-Egea
El haraquiri y el dopaje

Llevo tantos años oyendo lo mismo que creo que ha llegado el momento de decir basta. El ciclismo no puede continuar como un deporte desquiciado, un deporte autodestructivo, un deporte que se haga el haraquiri un día sí y otro también. Estoy harto. El ciclismo debe saber convivir con el dopaje, que es en definitiva una más de las muchas formas de corrupción que nos rodean. Dentro y fuera del deporte. Y como corrupción hay que perseguirla sin desmayo. No se trata ahora de insistir en que una atleta, medallista olímpica en Atenas, la eslovena Yolanda Ceplak, acaba de dar positivo por EPO, sí EPO, y nadie se va a rasgar las vestiduras. Sencillamente, la sancionarán y punto. Nadie pondrá en cuestión el honor del atletismo, como tampoco se hizo cuando Marion Jones, por ejemplo, se vio envuelta en una trama de dopaje. Y hablando de corrupción, ¿no ganó la Juventus títulos y títulos comprando árbitros y más árbitros?
Pero no, el ciclismo es otro mundo. ¿Por qué? Lo que tiene que hacer es perseguir a los tramposos, y si los encuentra, sancionarlos y expulsarlos. Pero para que se haga con normalidad, sin ese ambiente de cruzada que nos invade a todos en el Tour de los últimos años, necesita de dirigentes y organizadores más capaces y sensatos. A ellos les corresponde desenmascarar a los ciclistas, médicos o directores deportivos que estén fuera de la ley. Necesita el ciclismo de dirigentes que no esperen, como los de la federación danesa o la propia UCI, a que el Tour esté en marcha para airear que Michael Rasmussen se ha saltado las normas. Necesita dirigentes que no denuncien con medias tintas a los 'men in black' del Astana y que sí se empleen con dedicación y profesionalidad para denunciar lo que haya que denunciar, pero sin esa sensación de que ha llegado el fin del mundo.
A todos, dirigentes, organizadores, periodistas, nos dan una lección los aficionados cuando aún se apiñan para ver a los deportistas subir las rampas del Larrau o del Aubisque el día siguiente de la expulsión de Vinokourov. Llevo 10 años oyendo, leyendo, escribiendo, que el ciclismo está herido de muerte. Y siempre resucita porque nunca nos fallan los seguidores desde las cunetas. Basta. Hay que aprender a convivir con el dopaje porque es de ilusos pensar que nadie va a hacer trampas. Como en cualquier orden de la vida. Lo que hay que hacer es dejarse de discursos tremendistas y apocalípticos y emplearse a fondo para perseguir y acosar a los que se saltan las normas, como siempre me recuerda mi compañero José Carlos Sorribes.