Camino de CardiffAyer aterrizamos en Londres, después de 13 horas viajando apretujados en un vuelo de British Airways que, esta vez si se hizo muy largo.

Quizás porqué nos tocaron unos de los asientos que no se reclinan o porqué estábamos justo al lado del baño y siempre había alguien esperando su turno para usarlo o quizás porqué después de este vuelo solamente nos queda otro más para llegar a casa y se habrá terminado nuestro viaje, el caso es que las horas pasaban muy lentamente. Era difícil conciliar el sueño y hasta las películas que podiamos ver en el avión parecían menos interesantes que otras veces.

Finalmente, llegamos a Heathrow sobre las cinco de la madrugada de un día frío, con 6 grados de temperatura, el cielo despejado y viento ligero, y a pesar de las predicciones nuestro equipaje también llego. Hasta que no estuvimos en el metro, yendo hacia el centro de la ciudad, no acabamos de darnos cuenta que ya estábamos en casa. Compartíamos el vagón con madrugadores camino a sus puestos de trabajo que apenas estaban despiertos, mientras que nosotros les llevabamos unas horas de ventaja (en Singapur era mediodía).

Al salir a la calle, al lado del río, hacia un frío para el que no íbamos vestidos. Veníamos del trópico donde las temperaturas son 25 grados más altas. Al menos, relucía el sol y nuestro querido Londres mostraba su mejor aspecto. Dejamos las maletas en casa de unos amigos, donde recuperamos algo de ropa que habíamos olvidado que estaba allí desde hacía nueve meses y después de un café caliente --los últimos que habíamos tomado fueron siempre con hielo-- nos acercamos al Regency, un local donde muchos taxistas se reúnen para desayunar un auténtico "full English breakfast": qué cambio y qué agradable maltratar el cuerpo con dosis de colesterol como no habíamos hecho desde antes de partir. A mediodia, hora local, fuimos a Victoria Station para tomar el autobús que nos iba a llevar a Gales, a Cardiff, dónde vive una de mis cuñadas y sus hijos... Tres horas y media de autobús siguiendo nuestro viaje hacia el oeste nos acercaron a la familia y a la realidad: ya estamos en casa, de vuelta, hemos regresado y nuestro viaje termina. Bueno, aún no del todo, pues no llegamos a Barcelona hasta el miércoles que viene, por Sant Jordi, y técnicamente hasta entonces seguimos viajando.