SingapurEl viernes pasado dejamos atrás Japón para volar hasta Singapur. Ahora si que estamos ya de vuelta, volando de nuevo hacia el oeste, camino de casa. Nuestra estancia en Tokio (y alrededores) fue muy agradable, y como decia en el blog anterior, más o menos lo que esperabamos.

La ciudad es muy manejable a pesar de lo grande que es, cada barrio tiene de todo y es distinto al de al lado y visitar unos cuantos nos permitió ver diferentes caras de la ciudad. Desde la comida que tanto disfrutamos, por su simplicidad y elegancia en la presentación, hasta las tiendas de ropa que surten a un montón de gente con gran variedad de estilos, pues todo es aceptable en el vestir, hasta el punto de que que harían girar a más de uno en España...

La eficiencia del transporte público y todo a su alrededor, con las máquinas de bebidas --calientes y frías-- siempre cerca, hasta los trabajadores del metro, que sorprenden saludando a los trenes con una reverencia cada vez que llegan a la estación. En definitiva, son cosas que ayudan en la convivencia cuando tanta gente comparte espacio. Incluso cuando el idioma y la falta de conocimiento del inglés por parte de muchos empleados locales dificulta alguna situación, entre gestos, sonrisas y saludos, se consigue solventar y acabar encontrado una manera de, más o menos, entenderse. Nos hubiera gustado visitar más museos y tener más tiempo para salir un poco más de la ciudad y ver otras partes del país, pero tendremos que esperar a otra ocasión, que con suerte un día llegará...

En Singapur, sobretodo, hemos encontrado amigos. Nada más llegar, las chicas se encontraron, como habían planeado, con una compañera de Londres de Primaria y se fueron juntas del aeropuerto, primero a casa y luego a bailar... Era la primera vez que nos separabamos en muchos meses y aunque estuviera previsto, llegar a una ciudad nueva y ver a tus preciosas hijas irse, pues te deja un poco..."preocupado". A nosotros dos nos recogió Karen, que hace nueve meses que vive en Singapur, y nos fuimos a su casa, donde de nuevo nos esperaba una buena cena, un poco de vino y la cama más cómoda en la que hemos dormido los últimos nueve meses...

En cuatro días, hemos descorchado ya unas cuantas botellas de vino, probando Riberas y Ruedas entre otros, y disfrutado de comida casera, que después de semanas de tener casi siempre que elegir menús es muy agradable no hacerlo.

Esta ciudad tambien es muy moderna, con un buen metro y servicio de autobuses, y aunque hay muchas cosas dudosas sobre ella, el paso del frío de los últimos días a los 30 grados de esta parte del mundo nos ha complacido. Si teníamos pensado hacer una incursión en Malasia, entre las tiendas y las visitas culturales y el levantarse un poco más tarde cada día, lo dejaremos para otra ocasión...

Mañana, es nuestro penúltimo día en Asia, ya que el miércoles regresamos a Europa, a Londres primero y luego, el miércoles siguiente, a casa, en Barcelona. Ya sabíamos que estas últimas etapas del viaje iban a ser distintas, viendo amigos y rodeados de tiendas, con la presión de comprar nuevo vestuario, que buena falta nos hace, y otras cosas que no necesitamos... Las chicas parecen conformarse fácilmente con las limitaciones que el presupuesto impone y toleran sorprendentemente bien los "nos" que a menudo reciben. Antes de partir de la India mandamos el último paquete de regalos a casa, en él incluímos dos de las mochilas que nos han acompañado estos meses y al llegar a Hong Kong decidimos reemplazar las dos que quedaban por sencillas maletas con ruedas. Al partir de Tokio, ya necesitamos utilizar una de las mochilas otra vez... esperamos que entre los dos días que nos quedan aquí y la estancia con la familia del Reino Unido no nos obligue a recuperar la otra mochila...

Ahora si que lo que más nos apetece a todos es llegar, ver a nuestras familias y amigos, comer y beber con ellos y, sobretodo, dormir en nuestras propias camas.