Vaya cambio! Llegamos a Hong Kong hace 4 días y casi sólo hemos visto tiendas, tiendas y más tiendas. De hecho, hemos salido muy poco del hostal donde nos alojamos, ya que uno tras otro hemos ido cayendo enfermos.

Quizás sea el cambio de comida, de agua o el simple agotamiento, después de meses moviéndonos de un lugar a otro. A pesar de lo poco que hemos salido, en cada esquina  hemos descubierto los vendedores  de relojes falsos, los que te animan a tomar un masaje de pies o de cuerpo completo y los ambulantes sastres que insisten en que necesitamos trajes nuevos.

Si no salíamos, hemos podido disfrutar de las sesiones de Kung Fu que organizan en el hostal  los martes y los jueves y, hoy, mientras escribo estas líneas, me acompañan dos docenas de mujeres locales que se reúnen  los domingos en nuestro hostal  para disfrutar de una larga sesión de karaoke.

Hong Kong, además de un paraíso de tiendas, es una ciudad moderna en medio de un entorno extraño. Estamos en China, pero aquí funciona el capitalismo más calculador, los grandes bancos  y los autos de lujo de sus directivos llenan las calles de la ciudad. También las llenan los miles de pequeños restaurantes que cocinan delante del visitante todas las partes imaginables y las inimaginables de todo tipo de animal.

Para  nosotros ha sido un gran cambio, después de meses de comida vegetariana. Nos ha sorprendido que a pesar de la gran herencia inglesa que se ve y respira por todas partes, el nivel hablado del idioma es muy limitado y, en ocasiones, seriamente dificulta la comunicación al querer hacer un pedido de comida o preguntar cómo ir de un sitio a otro. Esto ya nos sorprendió en la India, dónde también esperábamos encontrar  más habilidad con el ingles entre los locales... Claro está que no es su primera lengua y que, al fin y al cabo, nosotros tampoco hablamos las originales del país...

Esta ciudad es mucho más que los grandes edificios y las tiendas. Hong Kong está compuesta por varias islas y algunas de ellas reúnen una gran variedad de flora y fauna, que esperamos ver en los próximos días.  También esperamos "acercarnos" al sur del continente para ver, aunque brevemente, alguna ciudad de la otra China, la que, entre otras cosas,  organiza los próximos Juegos Olímpicos.

Desde que aterrizamos, nos dimos cuenta de que habíamos dejado atrás un tipo de países para entrar en un mundo parecido al nuestro, donde las preocupaciones que exteriorizamos  dependen de la publicidad y de lo que lleva puesto el vecino y dónde  solamente nos fijamos en los otros para compararnos. Mientras, el vuelo que nos trajo desde la India nos mimó, durante un largo tiempo, con una extraordinaria y privilegiada vista de gran parte de los Himalayas y del monte Everest, en un día especialmente despejado, una imagen que nos acompañará  siempre.