En 1981, en un pueblo llamado El Mozote, hubo una terrible masacre provocada por el Gobierno salvadoreño. Más de 1.000 personas murieron. Familias enteras liquidadas. La causa de la matanza fue porque los habitantes de este pueblo no quisieron participar en la guerra del Gobierno. No quisieron combatir en contra del pueblo guerrillero. Y allí están hoy. Enterrados. Un mero recuerdo de algo terrible que sucedió hace 26 años.

Los días que he estado en Perquín, un pueblo de las montañas salvadoreñas, he aprendido mucho sobre esta guerra y sobre lo que supuso para el pueblo de este país. La provocó la pobreza: la gente tenía hambre y tuvo que reaccionar.

En El Mozote he conocido a diversos participantes de esta guerra: soldados, comandantes, generales. Todos son víctimas. Cada uno con su historia, como la del soldado que pisó 30 bombas de contacto y estuvo un mes inconsciente en el hospital. Gracias a Dios hoy puede contar la historia.

Pero también he conocido a la gente que ahora está actuando para ayudar. Gente que se ha solidarizado con las víctimas de esta terrible guerra. Como por ejemplo, Lluís, un hombre de Valencia que trabaja en la ONG Agua Sabes, que se dedica a construir centrales donde purifican y reparten el agua, enviándola a los pueblos más necesitados. No puedo ni imaginar como seria vivir sin agua, y creo que el hecho de que haya gente que no tiene a su disposición una necesidad tan básica es terrible. Esto, y todo lo que he estado viendo estos días, gente que vive en la más pura miseria y aun así te sonrien y te ofrecen todo lo que tienen, me hacen dudar mucho del mundo en que vivimos.