La película Al filo de la noticia es la historia de una rivalidad entre dos periodistas que trabajan en la misma cadena de televisión y para el mismo programa informativo. Uno de ellos, interpretado por William Hurt, es guapo, elegante y simpático. Es el famoso que da la cara ante las cámaras, pero tiene muchas limitaciones. El otro (el actor Albert Brooks), es todo lo contrario. Es feo, patoso, y desconocedor del más mínimo arte del vestir. Pero tiene lo que le falta al otro, mucho cerebro. Es más. Sin el trabajo del feo en la cocina de la redacción, la estrella no sería nada. Lógicamente, el que trabaja en el anonimato más total, tiene celos de su compañero y su aspiración secreta es la de ponerse delante de las cámaras. Un día lo consigue y su aparición se convierte en un fracaso de dimensiones mayúsculas.
Algo muy parecido le ha ocurrido a Brown. El actual primer ministro británico fue uno de los pilares de la Tercera Vía que llevó al Partido Laborista y a Tony Blair a un éxito sin precedentes. Como ministro del Tesoro durante diez años, Brown pedaleaba junto a Blair en el mismo tándem --aunque en los últimos años apenas se hablaran--, pero lo hacía desde un oscuro despacho en el número 11 de Downing Street, al lado del más famoso número 10, del que oficialmente salía pocas veces y cuando lo hacía era para explicar los éxitos económicos del Gobierno, éxitos que capitalizaba Blair. Si el exprimer ministro era mediático, sabía ponerse ante las cámaras y desplegar a las mil maravillas el arte de la seducción, al actual ni las cámaras le quieren, ni él mismo ha sabido dar un a imagen amable. Leer más